“Tomad este libro de la ley, y ponedlo al lado del arca del pacto de Jehová vuestro Dios, y esté allí por
testigo contra ti” (Deut. 31:26).
Se hablan más de seis mil idiomas en el mundo actualmente. La Biblia completa se ha traducido a más
de seiscientos idiomas, y el Nuevo Testamento o algunas porciones se tradujeron a más de dos mil
quinientos idiomas también. Esos son muchos idiomas, por cierto. Pero, al mismo tiempo, todavía es
menos de la mitad de los idiomas que se conocen en el mundo.
Se estima que mil quinientos millones de personas no cuentan con la Biblia completa traducida a su
lengua materna. Si bien todavía hay mucho por hacer, los esfuerzos de las sociedades bíblicas han
garantizado que seis mil millones de personas puedan leer las Escrituras.
Y ¡qué bendición es estar entre quienes tienen la Biblia en su propio idioma! A menudo lo damos por
sentado, olvidando que muchos no tienen la Biblia y que, durante siglos en Europa, la Biblia se
mantuvo deliberadamente alejada de las masas. Gracias a la imprenta y la Reforma, eso ya no es así.
Quienes sí tenemos la Biblia seguimos viendo cómo podemos aprender a estudiar la Palabra, llenos
del Espíritu, y conocer al Señor revelado en sus páginas.
2 Timoteo 3:16-17
16
¿Como entender las escrituras?
Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para
instruir en justicia, 17 a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda
buena obra.
La Biblia se escribió como testimonio de la obra de Dios en la historia, de su plan para redimir a la
raza caída de la humanidad y para instruirnos en todos los caminos de la justicia. El Señor eligió hacer
esto en lenguaje humano, haciendo que sus pensamientos e ideas sean visibles mediante las palabras
humanas. Al redimir a Israel de Egipto, Dios eligió una nación específica para transmitir su mensaje
a todos los pueblos. Permitió que esa nación comunicara su Palabra a través de su idioma, el hebreo
(y algunas partes en arameo, un idioma relacionado con el hebreo).
El auge de la cultura griega trajo una nueva oportunidad, al permitir que el Nuevo Testamento se
comunicara a través del idioma universal, el griego, que se hablaba ampliamente en esa parte del
mundo en ese momento. (De hecho, también hubo una traducción al griego del Antiguo Testamento,
la versión de los LXX, o Septuaginta.) Este lenguaje “universal” les permitió a los apóstoles y a la
iglesia primitiva difundir el mensaje por todas partes con un nuevo celo misionero después de la
muerte de Cristo. Posteriormente, el apóstol Juan dio “testimonio de la palabra de Dios, y del
testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto” (Apoc. 1:2). De esta manera, la Biblia indica
la continuidad de este “testimonio” inspirado desde el primer autor de las Escrituras hasta el último.
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