El destino del Mundo

Dios creó nuestra historia y a ÉL nos debemos

jueves, 9 de marzo de 2017

Devoción Matutina para Adultos 2017 | La justicia propia


DECIR QUE SE ESTÁ libre de pecado es una evidencia irrefutable de que el que tal asevera dista mucho de ser santo. Solo puede creerse santo quien no tiene un verdadero concepto de lo que es la pureza y santidad infinita de Dios, ni de lo que deben ser los que han de armonizar con su carácter; solo asevera estar libre de pecado quien no tiene un verdadero concepto de la pureza y perfección supremas de Jesús ni de la maldad y horror del pecado. Cuanto más lejos esté una persona de Cristo y más equivocada se encuentre acerca del carácter de Dios y lo que él espera de nosotros, más justo se cree.

La santificación que presentan las Santas Escrituras abarca todo el ser. Pablo rogaba por los tesalonicenses, que «todo su ser, espíritu, alma y cuerpo» fuese guardado y presentado «sin defecto alguno, para la venida de nuestro Señor Jesucristo» (1 Tes. 5: 23, DHH). Y vuelve a escribir a los creyentes: «Hermanos, tomando en cuenta la misericordia de Dios, les ruego que cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios» (Rom. 12: 1, NVI). En tiempos del antiguo Israel, toda ofrenda que se traía a Dios debía ser cuidadosamente examinada. Si se descubría un defecto en el animal, se lo rechazaba, pues Dios había mandado que las ofrendas fuesen «sin defecto» (Lev. 1:3). Así también se pide a los cristianos que presenten sus cuerpos en «sacrificio vivo, santo y agradable a Dios» (Rom. 12: 1). Para ello, todas nuestras destrezas deben conservarse en el mejor estado posible. Todo hábito que pueda debilitarnos física o mentalmente nos incapacita para servir al Creador. ¿Y se complacerá Dios con menos de lo mejor que podamos ofrecerle? Cristo dijo: «Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón» (Mat. 22: 37). Los que aman a Dios de todo corazón desearán darle lo mejor de sus vidas y tratarán siempre de poner todas sus capacidades en armonía con las leyes que representan su voluntad. No permitirán que tenga defecto alguno la ofrenda que presentan a su Padre celestial […].

Cada vez que cedemos al pecado nuestra mente se debilita y se nubla el entendimiento, de modo que la Palabra o el Espíritu de Dios solo causa una débil impresión en el corazón.

 

 

 

martes, 7 de marzo de 2017

Devoción Matutina para Adultos 2017 | La gran lucha que enfrentamos

HEMOS PUES de entregarle por completo a Dios el corazón, o no se efectuará en nosotros ese cambio que tiene que producirse, por el cual hemos de ser transformados conforme a la semejanza divina. Por nuestra naturaleza estamos enemistados con Dios. El Espíritu Santo describe nuestra situación diciendo: «Antes ustedes estaban muertos a causa de su desobediencia y sus muchos pecados» (Efe. 2: 1, NTV).

«Tienen herida toda la cabeza, han perdido las fuerzas por completo. […] No hay nada sano en ustedes» (Isa. 1: 5-6, DHH). Satanás, nos ha hecho caer en «la trampa» y nos «tiene cautivos, sumisos a su voluntad» (2 Tim. 2: 26, NVI). Dios quiere sanarnos y libertarnos. Pero como esto exige una transformación completa y la renovación de toda nuestra naturaleza, debemos entregarnos por completo a él.

La guerra contra nosotros mismos es la batalla más grande que jamás se haya librado.

Rendir el yo, entregando todo a la voluntad de Dios, requiere un gran esfuerzo.

Ahora bien, para que el alma sea renovada en santidad, ha de someterse antes a Dios.

El gobierno de Dios no está basado en una sumisión ciega, ni en una reglamentación irracional, como Satanás quiere hacerlo parecer. Al contrario, apela a la razón y a la conciencia. «Vengan, pongamos las cosas en claro» (Isa. 1: 18, NVI), es la invitación del Creador a sus criaturas. Dios no fuerza la voluntad de sus criaturas. No puede aceptar un homenaje que no le sea tributado voluntaria e inteligentemente. Una mera sumisión forzada impedirá todo desarrollo real de la mente y del carácter: haría de las personas simples marionetas. Este no es el designio del Creador. Él desea que el ser humano, que es la obra maestra de su poder creador, alcance el máximo desarrollo posible. Nos presenta la gloriosa altura a la cual quiere elevarnos mediante su gracia.

Nos invita a que nos entreguemos a él para que pueda cumplir su voluntad en nosotros.

Por nuestra parte nos toca decidir si queremos ser libres de la esclavitud del pecado para compartir «la libertad gloriosa de los hijos de Dios» (Rom. 8: 21).

Al consagrarnos a Dios, tenemos necesariamente que abandonar todo aquello que nos separaría de él. Por eso dice el Salvador: «Piénsenlo bien. Si quieren ser mis discípulos, tendrán que abandonar todo lo que tienen» (Luc. 14:33, TLA). Es necesario que renunciemos a todo lo que aleje a nuestro corazón de Dios. […] Pretender que se pertenece a Cristo sin sentir ese profundo amor, resulta en mera palabrería, o en estéril formalismo o gravosa e insoportable obligación



domingo, 5 de marzo de 2017

Devoción Matutina para Adultos 2017 | No hay excusas para pecar


«Ni yo te condeno; vete y no peques más». Juan 8: 11

EL IDEAL DE DIOS para sus hijos es más elevado de lo que puede alcanzar el más sublime pensamiento humano. «Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto» (Mat. 5: 48). Esta orden es una promesa. El plan de redención contempla nuestro completo rescate del poder de Satanás. Cristo siempre aparta al alma arrepentida del pecado. Vino para destruir las obras del diablo, y ha hecho provisión para que toda alma reciba el Espíritu Santo, para guardarla de pecar.

La intervención del tentador no constituye una excusa para cometer una mala acción. Satanás se alegra cuando oye a los que profesan seguir a Cristo presentando excusas para justificar sus defectos de carácter. Son estas excusas las que inducen a pecar. No hay disculpa para el pecado. Todo hijo de Dios tiene a su disposición un temperamento santo y una vida semejante a la de Cristo.

El ideal del carácter cristiano es la semejanza con Cristo. Como el Hijo del hombre fue perfecto en su vida, los que le siguen han de ser perfectos en la suya. Jesús fue hecho en todo semejante a sus hermanos. Se hizo carne, como somos carne. Tuvo hambre y sed, y sintió cansancio. Se sustentó con el alimento y durmió para descansar. Participó

de la suerte del ser humano, aunque era el inmaculado Hijo de Dios. Era Dios hecho carne. Su carácter ha de ser el nuestro. El Señor dice de aquellos que creen en él: «Habitaré y andaré entre ellos; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo» (2 Cor. 6: 16).

Cristo es la escalera que Jacob vio, cuya base descansaba en la tierra y cuya cima llegaba a la puerta del cielo, hasta el mismo umbral de la gloria. Si esa escalera no hubiese llegado a la tierra, o le hubiese faltado un solo peldaño, habríamos estado perdidos.

Pero Cristo nos alcanza donde estamos. Tomó nuestra naturaleza y venció, a fin de que nosotros, tomando su naturaleza, pudiésemos vencer. Hecho «en semejanza de carne de pecado» (Rom. 8:3), vivió una vida sin pecado. Ahora, por su divinidad, echa mano del trono del cielo, mientras que por su humanidad nos alcanza. Él nos invita a obtener por la fe en él la gloria del carácter de Dios. Por lo tanto, hemos de ser perfectos, como nuestro «Padre que está en los cielos es perfecto» (Mat. 5: 48)





Devoción Matutina para Adultos 2017 | Lo uno o lo otro


SATANÁS ESTÁ TRATANDO de derrotar al pueblo de Dios, rompiendo las barreras que lo separan del mundo. Los antiguos israelitas fueron arrastrados al pecado cuando se arriesgaron a asociarse con los incrédulos. Del mismo modo se descarría el Israel moderno. «El dios de este mundo ha cegado la mente de estos incrédulos, para que no vean la luz del glorioso evangelio de Cristo, el cual es la imagen de Dios» (2 Cor. 4:4, NVI). Todos los que no son fervientes discípulos de Cristo, son siervos de Satanás.

El corazón que aún no ha sido regenerado ama el pecado y tiende a conservarlo y acariciarlo.

El corazón renovado aborrece el pecado y está resuelto a resistirlo. Cuando los cristianos escogen la compañía de los impíos e incrédulos, se exponen a la tentación.

Satanás se oculta a la vista y furtivamente les pone su venda engañosa sobre los ojos.

No pueden ver que semejante compañía les perjudica; y mientras más se van asemejando al mundo en carácter, palabras y obras, más y más se van cegando. 

Al conformarse la iglesia con las costumbres del mundo, se vuelve mundana, pero esa conformidad jamás convertirá al mundo a Cristo. A medida que uno se familiariza con el pecado, este parece cada vez menos repulsivo. El que prefiere asociarse con los siervos de Satanás dejará pronto de temer al señor de ellos. Cuando somos probados en el camino del deber, como lo fue Daniel en la corte del rey, podemos estar seguros de la protección de Dios; pero si nos colocamos a merced de la tentación, caeremos tarde o temprano.

Satanás obtiene su mayor éxito cuando actúa por medio de aquellos que menos sospechamos de estar bajo su influencia. A veces se admira y honra a las personas de talento y de educación, como si estas cualidades pudiesen suplir la falta del temor de Dios o hacernos dignos de su favor. Considerados en sí mismos, el talento y la cultura son

dones de Dios; pero cuando se emplean para sustituir la piedad, cuando en lugar de atraer al alma a Dios la alejan de él, entonces se convierten en una maldición y un lazo.

Muchos creen que todo lo que aparece amable y refinado debe ser, en cierto sentido, cristiano. Este es un craso error. Es cierto que la amabilidad y el refinamiento deberían adornar el carácter de todo cristiano, pues ambos ejercerían una poderosa influencia en favor de la verdadera religión; pero deben ser consagrados a Dios, o de lo contrario son también una fuerza para el mal.



sábado, 4 de marzo de 2017

Devoción Matutina para Adultos 2017 | Es tu decisión

TODO AQUEL que rehúsa entregarse a Dios está bajo el dominio de otro poder.

No es su propio dueño. Puede hablar de libertad, pero está en la más despreciable esclavitud. No puede percibir la belleza de la verdad, porque su mente está bajo el dominio de Satanás. Mientras se jacta de estar siguiendo los dictados de su propio juicio, obedece la voluntad del príncipe de las tinieblas. Cristo vino a romper las cadenas de la esclavitud del pecado para el alma. «Así que si el Hijo los libera, serán ustedes verdaderamente libres». «Por medio de él —se nos dice— la ley del Espíritu de vida me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte» (Juan 8: 36; Rom. 8: 2, NVI).

En la obra de la redención no hay compulsión. No se emplea ninguna fuerza exterior.

Bajo la influencia del Espíritu de Dios, el ser humano es libre para elegir a quién ha de servir. El cambio que ocurre cuando el alma se entrega a Cristo produce la más completa sensación de libertad. La expulsión del pecado es obra del alma misma. Por cierto, no tenemos poder para librarnos a nosotros mismos del dominio de Satanás; pero cuando deseamos ser libertados del pecado, y en nuestra gran necesidad clamamos por un poder exterior y superior a nosotros, las facultades del alma quedan dotadas de la fuerza divina del Espíritu Santo y obedecen los dictados de la voluntad, en cumplimiento de la voluntad de Dios.


La libertad humana solo es posible cuando llegamos a ser uno con Cristo. «La verdad os hará libres» (Juan 8: 32); y Cristo es la verdad. El pecado solo puede triunfar si debilita la mente y destruye la libertad del alma. Someternos a Dios implica la rehabilitación de uno mismo, de la verdadera gloria y dignidad humanas. La ley de Dios es «la ley de la libertad» (Sant. 2: 12).

Los fariseos se habían declarado a sí mismos hijos de Abraham. Jesús les dijo que solamente haciendo las obras de Abraham podían justificar esta pretensión. Los verdaderos hijos de Abraham vivirían como él una vida de obediencia a Dios. No procurarían matar a Aquel que hablaba la verdad que le había sido dada por Dios. Al conspirar contra Cristo, los rabinos no estaban haciendo las obras de Abraham. La simple descendencia de Abraham no tenía ningún valor. Sin una relación espiritual con él, la cual se hubiese manifestado poseyendo el mismo espíritu y haciendo las mismas obras, ellos no eran sus hijos.




LA CIENCIA TAMBIEN DESCUBRE LA VERDAD

INSOLITO: LA NASA CONFIRMA QUE TODO LO QUE ESTA ESCRITO EN LA BIBLIA ES……


Todos los creyentes de que Dios existe están celebrando el descubrimiento de la NASA, ya que siempre ha sido un mito para los científicos y astronautas la existencia de un creador, ahora es un hecho y aseguran que el contenido de la Biblia es real.
Por miles años se ha querido inculcar que la Biblia fue escrita por humanos, la Nasa confirma que esta fue inspirada por Dios.
El señor Harold Hill, presidente de la compañía automotora Curtis de Baltimore, y consejero del programa espacial, narra el siguiente hecho:
Una de las cosas más increíbles que Dios ha realizado entre nosotros ocurrió con nuestros astronautas y científicos espaciales en Green Belt, Maryland. Estaban verificando la posición del sol, la luna y los planetas para conocer donde estarían dentro de cien años y en los próximos mil años.
Esto es indispensable para poder enviar satélites al espacio y prevenir el choque con algo una vez que haya entrado en órbita en términos de la vida del satélite y saber la posición de los planetas para que así no destruyan los satélites. Hicieron que la computadora corriera a través de los siglos y de repente se detuvo.
La computadora estaba dando una señal roja de alerta indicando algún tipo de error en la información con la que había sido procesada o con los resultados al ser comparados con las normas establecidas.
 
De inmediato llamaron a la oficina de mantenimiento para revisarla; los técnicos encontraron que todo está en perfectas condiciones. El director de operaciones de IBM pregunto que cual ere el problema y para sorpresas de todos la respuesta fue “Hemos encontrado que falta un día en el universo del tiempo transcurrido en la historia”.
En el equipo estaba un cristiano que menciono,” He leído un estudio bíblico donde dice que el sol se detuvo.”
Ellos no le creyeron, pero como no tenían opción, le dijeron que le mostrara ese estudio bíblico, el tomo su Biblia y leyó en el libro de Josué algo muy sorpréndete, “en ese pasaje Dios decía a Josué:” No tengas miedo, porque los he entregado en tus manos ninguno de ellos te podrá resistir. “Josué estaba muy preocupado porque el enemigo lo había rodeado e iba a oscurecer, el enemigo podría derrotarlos. En ese momento Josué pidió al señor que detuviera el sol, Y así sucedió, el sol se detuvo por casi un día entero.
Los ingenieros del programa espacial de inmediato dijeron que ese era el día que faltaba. “retrocedieron en la computadora el tiempo descrito en la Biblia y descubrieron que se aproximaba pero no era el tiempo exacto, el lapso de tiempo que faltaba en la época de Josué era de 23 horas y 20 minutos, no era un día completa faltaban 40 minutos.
Esta es la parte interesante, en el segundo libro de Reyes, capitulo 20:8-10, donde la Biblia narra que Ezequías estaba a punto de morir, quien fue visitado por el profeta Isaías, el cual le dijo que no moriría.
Ezequías no creyó en sus palabras y pidió una señal, y Isaías le dijo: “Avanzara la sombra diez grados o retrocederá diez grados?.. Y Ezequías le respondió: Es fácil que la sombra decline diez grados pero no que la sombra vuelva diez grados. Diez grados son exactamente 40 minutos. 23 horas y 20 minutos en Josué más 40 minutos en segunda de Reyes completa exactamente un día. Esto es lo que se conoce como el día que falta en la historia del universo.
Nuestro Señor es increíble y siempre busca la manera de mostrarnos que el existe y que está con nosotros que debemos de creer y tener fe.



jueves, 2 de marzo de 2017

Devoción Matutina para Adultos 2017 | Perfección

LA CONDICIÓN para alcanzar la vida eterna es ahora exactamente la misma de siempre, tal cual era en el Edén antes de la caída de nuestros primeros padres: la perfecta obediencia a la ley de Dios, la perfecta justicia. Si la vida eterna se concediera con alguna condición inferior a esta, peligraría la dicha de todo el universo, abriéndole para siempre la puerta al pecado con todas sus secuelas de miseria y dolor.

Antes que Adán cayera le era posible desarrollar un carácter justo por la obediencia a la ley de Dios. Pero no lo hizo, y por causa de su caída tenemos una naturaleza pecaminosa y no podemos hacernos justos a nosotros mismos. Puesto que somos pecadores y malos, no podemos obedecer perfectamente una ley sacrosanta. No tenemos justicia propia con que cumplir lo que la ley de Dios exige. Pero Cristo nos preparó una vía de escape. Vivió en esta tierra en medio de pruebas y tentaciones como las que nosotros tenemos que afrontar. Sin embargo, su vida fue impecable. Murió por nosotros, y ahora ofrece quitar nuestros pecados y revestirnos de su justicia. Si te entregas a él y lo aceptas como tu Salvador, por pecaminosa que haya sido tu vida, gracias a él serás contado entre los justos. El carácter de Cristo reemplaza el tuyo, y Dios te acepta como si no hubieras pecado.

Más aún, Cristo transforma el corazón, y habita en el tuyo por la fe. Tienes que mantener esta comunión con Cristo por la fe y la sumisión continua de tu voluntad a él. Mientras lo hagas, él producirá en ti tanto «el querer como el hacer por su buena voluntad» (Fil. 2: 13). Así podrás decir: «Ya no soy yo quien vive; es Cristo quien vive en mí. Mi vida en este mundo consiste en creer en el Hijo de Dios que me amó y se entregó por mí» (Gál. 2: 20, LPH). Así dijo el Señor Jesús a sus discípulos: «Porque no serán ustedes los que hablen, sino que el Espíritu de su Padre hablará por medio de ustedes» (Mat. 10: 20, NVI). De modo que si Cristo obra en ti, manifestarás el mismo espíritu y harás las mismas obras que él: obras de justicia y obediencia.

Así que no hay en nosotros mismos nada en absoluto de lo cual jactarnos. No tenemos motivo para ensalzarnos. El único fundamento de nuestra esperanza es la justicia de Cristo que se nos imputa y la que produce su Espíritu obrando en nosotros y por nosotros.