El destino del Mundo

Dios creó nuestra historia y a ÉL nos debemos

viernes, 10 de febrero de 2017

Devoción Matutina para Adultos 2017 | La historia de Belén


EL CIELO Y LA TIERRA no están más lejos hoy que cuando los pastores oyeron el canto de los ángeles. Hoy en día la humanidad sigue recibiendo el llamado celestial tanto como cuando las personas comunes, de ocupaciones ordinarias, se encontraban con los ángeles al mediodía, y hablaban con los mensajeros celestiales en las viñas y los campos. Mientras recorremos las sendas humildes de la vida, el cielo puede estar muy cerca de nosotros. Los ángeles de los atrios celestes acompañarán los pasos de aquellos que sigan las órdenes de Dios.
 

La historia de Belén es un tema inagotable. En ella se oculta la «¡profundidad de las riquezas, de la sabiduría y del conocimiento de Dios!» (Rom. 11:33). Nos maravilla el sacrificio realizado por el Salvador al cambiar el trono celestial por el pesebre, y la compañía de los ángeles que le adoraban por la de las bestias del establo. La presunción y el orgullo humanos quedan reprendidos en su presencia. Sin embargo, aquello no fue sino el inicio de su maravillosa condescendencia. Habría sido una humillación casi infinita para el Hijo de Dios revestirse de la naturaleza humana, aun cuando Adán poseía la inocencia del Edén. Pero Jesús aceptó la humanidad cuando la especie se hallaba debilitada por cuatro mil años de pecado. Como cualquier ser humano, aceptó los efectos de la gran ley de la herencia. Y la historia de sus antepasados terrenales demuestra cuáles eran aquellos efectos. Pero él tomó nuestra naturaleza para compartir nuestras penas y tentaciones, y darnos el ejemplo de una vida sin pecado.

En el cielo, Satanás había odiado a Cristo por la posición que ocupaba en las cortes de Dios. Lo odió aún más cuando se vio destronado. Odiaba a Aquel que se había comprometido a redimir a una raza de pecadores. Sin embargo, a ese mundo donde Satanás pretendía dominar, Dios permitió su Hijo descendiera, como niño impotente, sujeto a la debilidad humana. Le dejó arrostrar los peligros de la vida que todo ser humano debe afrontar, pelear la batalla como la debe pelear cada hijo de la familia humana, aun a riesgo de sufrir la derrota y la pérdida eterna. […]

Pero Dios entregó a su Hijo unigénito para que enfrentase un conflicto más acerbo y a un riesgo más espantoso, a fin de asegurar la senda de la vida para nuestros peque- ñuelos. «En esto consiste el amor» (1 Juan 4:10). ¡Maravíllense, cielos! ¡Asómbrate, oh tierra!

 

jueves, 9 de febrero de 2017

Devoción Matutina para Adultos 2017 | Dios entiende

DESDE QUE JESÚS vino a morar con nosotros, sabemos que Dios conoce nuestras luchas y se solidariza con nuestros pesares. Cada ser humano puede comprender que nuestro Creador es el amigo de los pecadores. Porque en toda manifestación de la gracia, toda promesa de gozo, todo acto de amor, todo llamado divino presentado en la vida del Salvador en la tierra, vemos a «Dios con nosotros» (Mat. 1: 23).

Satanás representa la divina ley de amor como una ley de egoísmo. Declara que nos es imposible obedecer sus preceptos. Acusa al Creador de ser responsable de la caída de nuestros primeros padres, con toda la miseria que ello ha provocado, e induce a los seres humanos a considerar a Dios como autor del pecado, del sufrimiento y de la muerte. Jesús vino a desenmascarar este engaño. Como uno de nosotros, vino a dar un ejemplo de obediencia. Para esto tomó sobre sí nuestra naturaleza, y pasó por nuestras vicisitudes. «Por lo cual convenía que en todo fuera semejado a sus hermanos» (Heb. 2: 17). Si tuviésemos que soportar algo que Jesús no soportó, Satanás diría que en este aspecto el poder de Dios no es suficiente para nosotros. Por lo tanto, Jesús fue «tentado en todo, según nuestra semejanza» (Heb. 4: 15). Soportó todas las tentaciones que nosotros soportamos. Y no utilizó en su beneficio ningún poder que no nos sea ofrecido generosamente. Como hombre, hizo frente a la tentación, y venció con la fuerza que Dios le daba. Él dice: «Me deleito en hacer tu voluntad, Dios mío; tu ley está dentro de mi corazón» (Sal. 40: 8, NBLH). Mientras andaba haciendo el bien y sanando a todos los oprimidos por Satanás, mostró claramente a los seres humanos el carácter de la ley de Dios y la naturaleza de su servicio. Su vida testifica que para nosotros también es posible obedecer la ley de Dios.

Por su humanidad, Cristo tocaba a la humanidad; por su divinidad, se asía del trono de Dios. Como Hijo del hombre, nos dio un ejemplo de obediencia; como Hijo de Dios, nos imparte poder para obedecer. Fue Cristo quien habló a Moisés desde la zarza del monte Horeb diciendo: «Yo Soy el que Soy» (Éxo. 3:14) […].Y a nosotros nos dice: «Yo Soy el buen pastor». «Yo Soy el pan vivo». «Yo Soy el camino, y la verdad, y la vida». «Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra» (Juan 10: 11; 6: 51; 14: 6; Mat. 28: 18). «Yo Soy la seguridad de toda promesa». «Yo Soy; no tengas miedo». «Dios con nosotros» es la seguridad de nuestra liberación del pecado, la garantía de nuestro poder para obedecer la ley del cielo.



martes, 7 de febrero de 2017

Devoción Matutina para Adultos 2017 | El egoísmo no puede comprender el amor

AL NACER JESÚS, Satanás supo que había venido un Ser con la encomienda divina de disputarle su dominio. Tembló al oír el mensaje del ángel que atestiguaba la autoridad del Rey recién nacido. Satanás conocía muy bien la posición que Cristo había ocupado en el cielo como amado del Padre. El hecho de que el Hijo de Dios viniese a esta tierra como hombre le llenaba de asombro y temor. No podía comprender el misterio de este gran sacrificio. Su alma egoísta no podía comprender tal amor por la familia humana.

Los seres humanos no conocían la gloria y la paz del cielo y el gozo de la comunión con Dios; pero Lucifer sí los conocía, él había sido el querubín protector. Puesto que había perdido el cielo, estaba resuelto a vengarse haciendo participar a otros de su caída.

Esto lo lograría induciéndolos a menospreciar los asuntos celestiales, y poner sus afectos en los terrenales. […] La imagen de Dios se manifestaba en Cristo, y Satanás, en consulta con sus demonios, se había propuesto vencerle. Ningún ser humano había venido al mundo y escapado al poder del engañador. Todas las fuerzas del mal se concentraron en asediar a Cristo y, si era posible, vencerlo.

En ocasión del bautismo de Jesús, Satanás se hallaba entre los testigos. Vio la gloria del Padre que descendía sobre su Hijo. Oyó la voz de Jehová dar testimonio de la divinidad de Cristo. Desde la caída, la raza humana había estado privada de la comunión directa con Dios; la comunión entre el cielo y la tierra se había realizado por medio de Cristo; pero ahora que Jesús había venido «en semejanza de carne de pecado» (Rom. 8: 3), el Padre mismo habló. Antes se había comunicado con la humanidad por medio de Cristo; ahora se comunicaba con la humanidad en Cristo. Satanás había esperado que el aborrecimiento que Dios siente hacia el pecado produjera una eterna separación entre el cielo y la tierra. Pero ahora era evidente que la relación entre Dios y el ser humano había sido restaurada.

Satanás vio que debía vencer o ser vencido. El desenlace del conflicto eran demasiado trascendentales como para ser confiados a sus ángeles aliados. Debía dirigir personalmente la guerra. Todos los poderes del mal se unieron contra el Hijo de Dios.

Cristo se convirtió en el blanco de todos los ataques del infierno.



Devoción Matutina para Adultos 2017 | Lucifer desenmascarado

AL ECHAR A SATANAS del cielo, Dios manifestó su justicia y mantuvo el honor de su trono. Pero cuando el ser humano pecó, cediendo a la tentación del ángel rebelde, Dios dio una prueba de su amor, consintiendo en que su Hijo unigénito muriese por la raza caída. El carácter de Dios se pone de manifiesto en el sacrificio expiatorio de Cristo. El poderoso mensaje de la cruz demuestra a todo el universo que el gobierno de Dios no era de ninguna manera responsable del camino de pecado que Lucifer había escogido.

Durante el ministerio terrenal de Cristo el carácter del gran engañador quedó al descubierto. Nada habría podido desarraigar tan completamente las simpatías que los ángeles y todo el universo pudieran sentir hacia Satanás, como su guerra cruel contra el Redentor del mundo. Su petición atrevida y blasfema de que Cristo le rindiese homenaje, su orgullosa presunción que le hizo transportarlo a la cúspide del monte y al pináculo del templo, la intención malévola que mostró al instarle a que se arrojara de aquella vertiginosa altura, la inquina implacable con la cual persiguió al Salvador por todas partes, e inspiró a los corazones de los sacerdotes y del pueblo a que rechazaran su amor y a que gritaran al fin: «¡Crucifícalo! ¡crucifícalo!» (Luc. 23: 21). Todo esto, despertó el asombro y la indignación del universo.

Fue Satanás el que impulsó al mundo a rechazar a Cristo. El príncipe del mal hizo cuanto pudo y empleó toda su astucia para matar a Jesús, pues vio que la misericordia y el amor del Salvador, su compasión y su tierna piedad estaban representando ante el mundo el carácter de Dios. Satanás disputó todos los asertos del Hijo de Dios, y empleó a los seres humanos como agentes suyos para llenar la vida del Salvador de sufrimientos y penas. Los sofismas y las mentiras por medio de los cuales procuró obstaculizar la obra de Jesús, el odio manifestado por los hijos de rebelión, sus acusaciones crueles contra Aquel cuya vida se rigió por una bondad sin precedente, todo ello provenía de un sentimiento de venganza profundamente arraigado. Los fuegos de la envidia y la malicia, del odio y la venganza, estallaron en el Calvario contra el Hijo de Dios, mientras el cielo miraba con silencioso horror. […]

Entonces fue cuando la culpabilidad de Satanás quedó al descubierto. Había dado a conocer su verdadero carácter de mentiroso y asesino.



lunes, 6 de febrero de 2017

LOS DOS PACTOS Y SUS DIFERENCIAS

EL DEFECTO DEL ANTIGUO PACTO
El tema del Antiguo Pacto y Nuevo Pacto es otro de los temas que tiene confundido a la mayoría de Cristianos, inclusive hay denominaciones religiosas que se auto denominan del Nuevo Pacto.
La mayoría de iglesias protestantes sostienen que Antiguo Pacto era la ley gravada en tablas de piedra, y que ahora en el nuevo pacto esa ley desaparece, porque estamos bajo la gracia y no bajo la ley.
Para comprender este tema dejaremos que la misma Biblia se explique sola, veremos que es Antiguo Pacto y Nuevo Pacto; y cuál es la diferencia de ambos, y que fue lo que cambio con la muerte de Cristo.

EL ANTIGUO PACTO

El antiguo pacto tenía tres aspectos incluidos 1) Sacrificios de animales por la culpa, 2) Sacerdocio imperfecto, 3) La ley gravada en tablas de piedra.
1)-SACRIFICIOS: “Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando alguna persona pecare por yerro en alguno de los mandamientos de Jehová sobre cosas que no se han de hacer, e hiciere alguna de ellas; si el sacerdote ungido pecare según el pecado del pueblo, ofrecerá a Jehová, por su pecado que habrá cometido, un becerro sin defecto para expiación.” ‭‭Levítico‬ ‭4:2-3‬ ‭RVR1960‬‬
2)-SACERDOCIO IMPERFECTO: “Y los otros sacerdotes llegaron a ser muchos, debido a que por la muerte no podían continuar;...que no tiene necesidad cada día, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo. Porque la ley constituye sumos sacerdotes a débiles hombres; pero la palabra del juramento, posterior a la ley, al Hijo, hecho perfecto para siempre.” Hebreos‬ ‭7:23, 27-28‬ ‭RVR1960‬‬
3)-LA LEY EN TABLAS DE PIEDRA: “Y él os anunció su pacto, el cual os mandó poner por obra; los diez mandamientos, y los escribió en dos tablas de piedra.” ‭‭Deuteronomio‬ ‭4:13‬ ‭RVR1960‬‬

EL NUEVO PACTO

La muerte de Cristo modificó ciertos aspectos del antiguo pacto, 1) Hoy nadie mata corderos por el pecado, porque Cristo es el cordero, 2) Cristo es el sacerdote perfecto según el orden de Melquisedec; y 3) La ley gravada en tablas de piedra ahora se acribe en la mente y el corazón.
“porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.” ‭‭S. Mateo‬ ‭26:28‬ ‭RVR1960‬‬
1)-CRISTO ES EL CORDERO “Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros.” ‭‭1 Corintios‬ ‭5:7‬ ‭RVR1960‬‬
Sacrificios incapaces “Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan. De otra manera cesarían de ofrecerse, pues los que tributan este culto, limpios una vez, no tendrían ya más conciencia de pecado. Pero en estos sacrificios cada año se hace memoria de los pecados; porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados.” Hebreos‬ ‭10:1-4‬ ‭RVR1960‬‬
2)-CRISTO NUETRO SACERDOTE. Cristo nuestro sumo sacerdote que no tiene que ofrecer sacrificio por sí mismo, mientras que los otros si: “Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas. Porque si aquel primero hubiera sido sin defecto, ciertamente no se hubiera procurado lugar para el segundo.” Hebreos‬ ‭8:6-7‬ ‭RVR1960‬‬
3)-LA MISMA LEY SE ESCRIBE EN EL CORAZÓN Y LA MENTE “Y nos atestigua lo mismo el Espíritu Santo; porque después de haber dicho: Éste es el pacto que haré con ellos Después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, Y en sus mentes las escribiré,” ‭‭Hebreos‬ ‭10:15-16‬ ‭RVR1960‬‬
Al examinar las escrituras hemos notado que el defecto del antiguo pacto no radicaba en las leyes divinas, sino en el corazón del hombre, está es la razón de la venida de Cristo, trasformar el corazón del hombre en una nueva criatura para que este en armonía con sus leyes (Romanos 8:7,8; Ezequiel 36:25-27). Por otro lado el defecto del antiguo pacto radicaba también en un sacerdocio imperfecto, que tenían que morir y presentar sacrificios por sí y por el pueblo, mientras que Cristo es eterno y no tiene que presentar sacrificio alguno por sí.
“Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios,”
‭‭Hebreos‬ ‭10:11-12‬ ‭RVR1960‬‬
EL NUEVO PACTO Y LA LEY
Así como en el antiguo pacto existían la ley, también existe en el nuevo pacto, la diferencia es el lugar donde se escriben. Antes era en tablas de piedra; hoy Dios la escribe en la mente y el corazón. La ley no cambia, pues es eterna como Dios mismo.
“Si dejaren sus hijos mi ley, Y no anduvieren en mis juicios, Si profanaren mis estatutos, Y no guardaren mis mandamientos, Entonces castigaré con vara su rebelión, Y con azotes sus iniquidades. Mas no quitaré de él mi misericordia, Ni falsearé mi verdad. No olvidaré mi pacto, Ni mudaré lo que ha salido de mis labios.” ‭‭Salmos‬ ‭89:30-34‬ ‭RVR1960‬‬
“Las obras de sus manos son verdad y juicio; Fieles son todos sus mandamientos, Afirmados eternamente y para siempre, Hechos en verdad y en rectitud.” ‭‭Salmos‬ ‭111:7-8‬ ‭RVR1960‬‬
JESUS Y LA LEY
Muchos creen que Jesús modificó ciertos aspectos de la ley, pero al examinar las palabras de Jesus notaremos que la vindicó y la hizo más severa, Jesús no vino a quitar ningún mandamiento del Padre, vino a exaltar la ley del Padre, solo veamos las primeras palabras del sermón de la montaña.
“»No crean ustedes que yo he venido a suprimir la ley o los profetas; no he venido a ponerles fin, sino a darles su pleno valor.”‭‭ San Mateo‬ ‭5:17‬ ‭DHH‬.
Juan Calvino un reformador protestante cometo sobre este texto, y dijo: “No debemos imaginarnos que la venida de Cristo nos ha librado de la autoridad de la ley: porque es la regla eterna de una vida devota y santa, y debe, por lo tanto, ser tan inmutable, como la justicia de Dios, la cual abarcó, es constante y uniforme.” “La ley no ha sufrido ninguna disminución de su autoridad, sino que debe siempre recibir de nosotros la misma veneración y obediencia.”
También Juan Wesley un reformador protestante comenta: En contestación al aserto de que a la muerte de Cristo quedaron abolidos los preceptos del Decálogo juntamente con los de la ley ceremonial, decía: “La ley moral contenida en los Diez Mandamientos y sancionada por los profetas, Cristo no la abolió. Al venir al mundo, no se propuso suprimir parte alguna de ella. Esta es una ley que jamás puede ser abolida, pues permanece firme como fiel testigo en los cielos [...]. Existía desde el principio del mundo, habiendo sido escrita no en tablas de piedra sino en el corazón de todos los hijos de los hombres al salir de manos del Creador. Y no obstante estar ahora borradas en gran manera por el pecado las letras tiempo atrás escritas por el dedo de Dios, no pueden serlo del todo mientras tengamos conciencia alguna del bien y del mal. Cada parte de esta ley ha de seguir en vigor para toda la humanidad y por todos los siglos; porque no depende de ninguna consideración de tiempo ni de lugar ni de ninguna otra circunstancia sujeta a alteración, sino que depende de la naturaleza de Dios mismo, de la del hombre y de la invariable relación que existe entre uno y otro. – {CS 266.1}
Elena White la pionera Adventista también dice: "El aserto de que Cristo abolió con su muerte la ley de su Padre no tiene fundamento. Si hubiese sido posible cambiar la ley o abolirla, entonces Cristo no habría tenido por qué morir para salvar al hombre de la penalidad del pecado. La muerte de Cristo, lejos de abolir la ley, prueba que es inmutable. El Hijo de Dios vino para engrandecer la ley, y hacerla honorable. Isaías 42:21. Él dijo: “No penséis que vine a invalidar la ley”; “hasta que pasen el cielo y la tierra, ni siquiera una jota ni una tilde pasará de la ley”. Mateo 5:17, 18 (VM). Y con respecto a sí mismo declara: “Me complazco en hacer tu voluntad, oh Dios mío, y tu ley está en medio de mi corazón”. Salmos 40:8 (VM). La ley de Dios, por su naturaleza misma, es inmutable. Es una revelación de la voluntad y del carácter de su Autor. Dios es amor, y su ley es amor. Sus dos grandes principios son el amor a Dios y al hombre. “El amor pues es el cumplimiento de la ley”. Romanos 13:10 (VM). El carácter de Dios es justicia y verdad; tal es la naturaleza de su ley. Dice el salmista: “Tu ley es la verdad”; “todos tus mandamientos son justos”. Salmos 119:142, 172 (VM). Y el apóstol Pablo declara: “La ley es santa, y el mandamiento, santo y justo y bueno”. Romanos 7:12 (VM). Semejante ley, expresión del pensamiento y de la voluntad de Dios, debe ser tan duradera como su Autor". – {CS 460.3}

Eliseo Cuesta



LA SANTIDAD DE DIOS


Nos preguntamos:

¿Por qué la máxima motivación para alcanzar la santidad es, simplemente, la realidad de Dios mismo? ¿Qué te motiva a vivir una vida santa? ¿Qué significa que Dios sea santo?


Es popular enfatizar el amor de Dios y, al mismo tiempo, ignorar su santidad. Aunque Dios es amor, la idea de la santidad en la Biblia se conecta más a menudo con el nombre de Dios que cualquier otro atributo (Sal. 89:18; Isa. 40:25; Jer. 51:5; Eze. 39:7; Apoc. 4:8). La santidad describe la pureza y la perfección moral de su naturaleza. La santidad de Dios significa que es perfectamente bueno y completamente libre de mal. La santidad de Dios es la perfección de todos sus demás atributos.
Si Dios fuera solamente omnipotente (poder infinito), omnisciente (conocimiento perfecto y completo) y omnipresente (presente en todas partes), pero no tuviera santidad perfecta, sería un poder de quien estaríamos aterrorizados, y con razón. Sin embargo, él es un Dios a quien deberíamos amar.
Su poder es poder santo; su misericordia es misericordia santa; su sabiduría es sabiduría santa; y su amor es amor santo. En este sentido, la santidad es la palabra más íntimamente divina de todas, porque tiene que ver con la misma naturaleza de Dios. Negar la pureza del Dios santo es, quizá, peor que negar su existencia. Lo último lo hace inexistente; lo primero, un dios repugnante y detestable.
La santidad de Dios significa que está separado del pecado y enteramente dedicado a buscar el bien que representa en sí mismo. En otras palabras, la santidad denota una cualidad relacional al igual que una cualidad moral. Incluye separación del pecado y devoción completa a la gloria de Dios.
En Isaías 6:3 y Apocalipsis 4:8, se describe a Dios como “santo, santo, santo”. Cuando los escritores bíblicos deseaban enfatizar algo que era importante, repetían la palabra a fin de llamar la atención a lo que se decía. Jesús llama nuestra atención a declaraciones importantes al repetir las palabras “de cierto, de cierto” (Juan 5:24; 6:47; etc.), o “Jerusalén, Jerusalén” (Mat. 23:37), o al llamar a alguien por nombre: “Marta, Marta” (Luc. 10:41). De todos sus atributos, solo la santidad de Dios es mencionada tres veces seguidas. Esto indica algo de suma importancia.






La naturaleza de Dios es, verdaderamente, santa. Él es puro y bueno.

Hagámonos también estas preguntas:

 ¿Cuán aterrado estarías, y con justa razón, si nuestro Dios y Creador todopoderoso no fuera santo y amante? ¿Qué te dice tu respuesta acerca de por qué deberíamos estar tan agradecidos de que Dios sea como es?

Saludos :
Eliseo Cuesta



Devoción Matutina para Adultos 2017 | Amor abnegado

«LA LUZ EN NUESTRO CORAZÓN para que conociéramos la gloria de Dios» se ve «en el rostro de Cristo»» (2 Cor. 4: 6, NVI). Desde los días de la eternidad, el Señor Jesucristo era uno con el Padre; era «la imagen de Dios» (2 Cor. 4: 4), la imagen de su grandeza y majestad, «el resplandor de su gloria» (Heb. 1: 3). Cristo vino a nuestro mundo para manifestar esa gloria. Vino a esta tierra oscurecida por el pecado para revelar la luz del amor de Dios, para ser «Dios con nosotros». Por lo tanto, fue profetizado de él: «Y le pondrás por nombre Emanuel» (Mat. 1: 23).

Al venir a morar con nosotros, Jesús iba a revelar a Dios tanto a los seres humanos como a los ángeles. Él era la Palabra de Dios: el pensamiento de Dios hecho audible. En su oración por sus discípulos, dice: «Yo les he dado a conocer tu nombre» —«misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad»—, «para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos» (Juan 17: 26; Éxo. 34: 6). Pero esta revelación de Dios y su carácter no se ha dado solo para los habitantes de este planeta. Nuestro pequeño mundo es un libro de texto para el universo. El maravilloso y misericordioso propósito de Dios, el misterio del amor redentor, es el tema en el cual «los ángeles mismos quisieran contemplar» (1 Ped. 1:12, NVI), y será su estudio a través de la eternidad. Tanto los redimidos como los seres que nunca cayeron hallarán en la cruz de Cristo su ciencia y su canción. Se verá que la gloria que resplandece en el rostro de Jesús es la gloria del amor abnegado. A la luz del Calvario, se verá que la ley del amor abnegado es la ley de la vida para la tierra y el cielo; que el amor que «no busca lo suyo» (1 Cor. 13: 5) tiene su fuente en el corazón de Dios; y que en el Manso y Humilde se manifiesta el carácter de Aquel que mora en la luz inaccesible al ser humano.

Al principio, Dios se revelaba en todas las obras de la creación. Fue Cristo quien «extendió los cielos y echó los cimientos de la tierra» (Zac. 12: 1, NVI). Fue su mano la que colgó los mundos en el espacio, y modeló las flores del campo. Él «que afirma los montes con su poder», «suyo es el mar, pues él lo hizo» (Sal. 65: 6, 95: 5, NBLH). Fue él quien llenó la tierra de hermosura y d aire con los trinos de las aves. Y sobre todas las cosas de la tierra, del aire y el cielo, escribió el mensaje del amor del Padre.