El destino del Mundo

Dios creó nuestra historia y a ÉL nos debemos

viernes, 23 de junio de 2017

LEVANTATE PUEBLO DE DIOS Y VENCERAS

La Palabra de Dios, como siempre, guarda significados profundos y espirituales que el Maestro acostumbraba a enseñar por parábolas, y que aun hoy, al ser Palabra viva, nos es abierta por el Espíritu Santo para que comamos el "alimento sólido" para nuestro espíritu. Una vez más, vamos a adentrarnos en una historia que el Evangelio nos relata, en la que veremos como un hecho histórico de relevancia se convierte, además, en toda una lección para nuestro carácter, y nos abre a su vez otra historia de distinto nivel hermenéutico y a la vez escatológico en la historia del pueblo de Dios de los dos Testamentos, para Israel y para la Iglesia.
Veremos como el Señor nos está mostrando la situación en la que se encontró a la nación de Israel en su conjunto y al pueblo religioso y a sus líderes espirituales en particular. Pero además nos sirve a nosotros hoy como enseñanza para que no nos extrañe encontrar lo mismo que Jesús encontró, en las naciones actuales y en las iglesias o religiones actuales, como lo han ido encontrando los Cristianos a lo largo de la historia, acorde a la expresión de esperanza del siguiente Texto: ...Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?... Lucas 18:8b.
En la visión espiritual de esta historia conoceremos a tres personajes que se encuentran con Jesucristo: a Jairo, a su hija y a la mujer enferma de flujo de sangre. Estos tres personajes están relacionados entre si de tal manera que nos haremos preguntas como esta: ¿Está relacionada una niña de doce años, edad de hacerse mujer y comenzar su ciclo, con la mujer enferma de flujo de sangre también durante doce años?, o ¿Qué simboliza y qué nos quiere enseñar el Señor cuando vemos a Jairo, un jefe de la sinagoga y a su hija, en la relación en la que se ve obligado a experimentar Jairo en esta historia con una mujer enferma de flujo de sangre, una mujer considerada inmunda, según Levítico 15:25, (pues lo era todo el tiempo de la costumbre de las mujeres y, si tenía flujo por más tiempo, lo era todo ese tiempo y ella lo fue doce años)?. Así era como se veía al pueblo desde la posición de los líderes religiosos, como también lo confirma esta expresión de los escribas: ...Mas esta gente que no sabe la ley, maldita es. Juan 7:48.
Jesús nos muestra la verdadera forma de ver a las personas, mas allá de la Ley, a través de la misericordia y del amor de Dios, lo cual Jairo pronto aprendería por experimentar cómo el Mesías, el Hijo de Dios, no hacía acepción de personas siempre que tuviesen fe, como fue el caso de la mujer que tocó el borde de su manto.
La mujer enferma es símbolo del pueblo, de la nación que no se relaciona con la sinagoga, como puede ser hoy con la iglesia, por estar estigmatizada por ellos como si no tuviesen oportunidad de recibir la gracia de Dios. La mujer es también cualquier alma enferma espiritualmente, que en este Texto es comparada a una mujer que no ovula bien, que no le es permitida la reproducción, dicho bajo la visión espiritual podemos entender que no le es permitido el nacimiento de nuevo de su espíritu, hasta que reciba la fe que cambia su mente y su corazón que habían estado muertos al amor de Dios en su vida, y que la fe y el arrepentimiento hacen que reciba de Jesús sanidad, atraída por Su misericordia y verdad por haber oído a Jesús a quien recibe en su corazón.
Cristo sana a las dos mujeres, una recupera su salud reproductiva y la niña resucita por la fe y podrá tener hijos. En los dos casos, y bajo la visión espiritual, para dar hijos del Espíritu. Las dos son también la misma religión entendida desde dos puntos de vista, y también son la misma alma de un pueblo muerto al Espíritu de Dios, endurecido en su tradición, como tantos pueblos hoy, donde la mujer es el cuerpo, Israel o cualquier nación, la hija es el alma de ese pueblo, su sinagoga, su Iglesia, y Jairo es la doctrina y el espíritu que finalmente se rinde al Señor en Su venida, cayendo a Sus pies y dejando la vieja levadura de la tradición. Como dice Jesús a los fariseos y escribas: ...Les decía también: Bien invalidáis el mandamiento para guardar vuestra tradición... Marcos 7:9.
Jairo es un santo de los religiosos que representa al judaísmo y su religión, la religión de Dios en el Antiguo Testamento, La Torá. La hija de Jairo es la Ley de Moisés, su proyecto de religión que muere en su tradición al llegar Jesucristo, porque quien salva es el Mesías a través del nuevo pacto en Su Sangre. La niña, la hija de Jairo, resucita cuando su padre reconoce que Yahshua es el Mesías. Esto es una alegoría y un anticipo profético de lo que ocurrirá al final de los tiempos, y que ya vemos, y que está profetizado en Romanos 11: Los Judíos son resucitados cuando su religión reconozca a Jesús como el Mesías, llamándole para resucitar a su hija, muerta por 2000 años, resucitada cuando Jesús entra en la casa, en Jerusalén, en Sión, sólo cuando sea el tiempo; tiempo en el que el corazón de la nación de Israel estará ablandado para recibir al Mesías Yahshua, cuando sean rodeados de todas las naciones, y clamen al Señor ante la inminencia de su destrucción en la batalla de Armagedón, Apocalipsis 16:16.
También cuando vemos que su hija muere, simboliza la muerte de los miembros reconocidos de una congregación, sea sinagoga o iglesia que sí se congregan para dar culto a Dios pero confían en las tradiciones religiosas, en su pertenencia a la "verdadera congregación" que por supuesto es la de ellos, (condenando a las demás que no los siguen a ellos) y confiando en su propia justicia, por lo que mueren espiritualmente si no ponen a Jesús en primer lugar. De este modo muchos líderes de la religión oficial, con su poder y autoridad no pueden resucitar espiritualmente al pueblo de Dios ni sanar a la nación; léase ...escribas y fariseos o papas, obispos y el clero de la "santa inquisición", algunos  líderes protestantes, y cualquier pastor radical fundamentalista o cualquier sectario en las iglesias actuales y muchos que andan solos en el camino de su propia mente, todos ellos comparten una misma característica: que cauterizan la conciencia de los simples, condenando, acusando y juzgando sin misericordia y poniendo sobre ellos cargas que ni ellos mismo se atreven a tocar con el dedo.
1Entonces se acercaron a Jesús ciertos escribas y fariseos de Jerusalén, diciendo: ¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de los ancianos? Porque no se lavan las manos cuando comen pan. Respondiendo él, les dijo: ¿Por qué también vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición? Porque Dios mandó diciendo: Honra a tu padre y a tu madre; y: El que maldiga al padre o a la madre, muera irremisiblemente. Pero vosotros decís: Cualquiera que diga a su padre o a su madre: Es mi ofrenda a Dios todo aquello con que pudiera ayudarte, ya no ha de honrar a su padre o a su madre. Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición. Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo: Este pueblo de labios me honra; Mas su corazón está lejos de mí.Pues en vano me honran, Enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres. Mateo 15.
De estas enseñanzas y ejemplos que daban los jefes o principales de la sinagoga surgían los comportamientos que nos muestra este otro Texto:
...Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Mas cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. Mateo 6. ¿Le suena?.
Otra confirmación en las Escrituras de que nuestro Señor busca nuestro corazón más allá del cumplimiento de la Ley per se como nuestra justificación, es el mismo Moisés a quien Dios no le permite la entrada en la tierra prometida, Deuteronomio 34:4, solo le permite verla, lo cual significa que la Ley de Dios queda cumplida cuando recibimos a Jesucristo en espíritu y en verdad, porque Él es superior espiritualmente, porque Él es la Tierra Prometida y el Reino de Dios en persona. Como también Pablo lo confirma: ...¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la Ley o por el oír con fe? Gálatas 3:2b.
Los tres personajes de este relato Bíblico reconocen al Señor Jesucristo quien le tiende la mano, quien abre Su corazón y no rechaza a aquellos que vienen a Él en humildad, quien perdona al hombre y a la mujer pecadores que se arrepienten. El Señor recibe a la nación enferma en la mujer con flujo de sangre. El Señor recibe a Jairo, símbolo del líder religioso que ve cómo su tradición no tiene la altura espiritual suficiente, la cual le impide alimentar espiritualmente a la congregación, ni tampoco tiene el poder de Dios. Y el Señor recibe al pueblo de Dios que muere porque no ha recibido la enseñanza de la salvación por la fe, sin las obras de la Ley, en la hija de Jairo resucitándolo: "talita cumi" levantando a la Iglesia hasta Su venida, al pueblo de Dios, de todo pueblo y nación que con fe vienen al Señor, lo cual Israel recibirá al final de los tiempos.

TEXTO BÍBLICO
LUCAS 8:40, MATEO 9:18 y MARCOS 5:21

Cuando volvió Jesús, le recibió la multitud con gozo; porque todos le esperaban. Entonces vino un varón llamado Jairo, que era principal de la sinagoga, y postrándose a los pies de Jesús, le rogaba que entrase en su casa; porque tenía una hija única, como de doce años, que se estaba muriendo.
La fe que vemos en Jairo es símbolo de la fe que tiene todo aquél que cree en el Hijo de Dios, en su poder para sanar pero también en que Él es el Mesías, aunque algunos puedan dudar de esto y pensar que Jairo solo buscaba la sanidad de Jesucristo para su hija como la de cualquiera que pudiera sanar. En el simbolismo del siguiente texto veremos cómo irrumpe la mujer con flujo de sangre que representa también a este hombre. La carne de Jairo, el alma de Jairo y el espíritu de Jairo. Un historia paralela a la de Lázaro, Marta y María.
Y mientras iba, la multitud le oprimía.Pero una mujer que padecía de flujo de sangre desde hacía doce años, y que había gastado en médicos todo cuanto tenía, y por ninguno había podido ser curada, se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto; y al instante se detuvo el flujo de su sangre. Entonces Jesús dijo: ¿Quién es el que me ha tocado? Y negando todos, dijo Pedro y los que con él estaban: Maestro, la multitud te aprieta y oprime, y dices: ¿Quién es el que me ha tocado? Pero Jesús dijo: Alguien me ha tocado; porque yo he conocido que ha salido poder de mí. Entonces, cuando la mujer vio que no había quedado oculta, vino temblando, y postrándose a sus pies, le declaró delante de todo el pueblo por qué causa le había tocado, y cómo al instante había sido sanada.Y él le dijo: Hija, tu fe te ha salvado; ve en paz.
La mujer arrebata la bendición de Dios, viene a Cristo y obtiene la bendición antes que Jairo para su hija. Esta situación debió ser una prueba de fe y paciencia para un hombre de Dios como Jairo que veía cómo la vida de su hija, que dependía del Maestro, tenía que esperar por una mujer del pueblo que era inmunda, que no era comparable a la hija de un principal de la sinagoga. El Señor le estaba rompiendo a Jairo todos los esquemas, aunque ya Jairo había venido a Jesús en humildad y postración, hubiera sido de esperar que su hija, una niña, y además hija de un hombre rabino del pueblo hubiera tenido prioridad. Sin embargo Jesús se para, se retrasa, se dedica a tratar a la mujer con el tiempo y el afecto que merecía mostrando su compasión, piedad y misericordia por ella a la que bendice con el amor de Dios y la salvación, abierta a toda alma en todo tiempo, por la fe.
Una vez terminado el episodio de la mujer, reemprenden el camino hasta la casa de Jairo, pero... Estaba hablando aún, cuando vino uno de casa del principal de la sinagoga a decirle: Tu hija ha muerto; no molestes más al Maestro.
Ahora sí que le daría un vuelco el corazón a Jairo. Su hija podría haber sido sanada por Jesús si no hubiera sido por culpa de esa mujer, y ahora su hija estaba muerta. Oyéndolo Jesús, le respondió: No temascree solamente, y será salva.
Rápidamente la misericordia de Jesús, entendiendo el dolor que sentía Jairo, y sabiendo el Señor que la resucitaría, cosa que para Jairo no era todavía algo plausible, le anima y le pide fe.
Entrando en la casa, no dejó entrar a nadie consigo, sino a Pedro, a Jacobo, a Juan, y al padre y a la madre de la niña. Y lloraban todos y hacían lamentación por ella. Pero él dijo: No lloréis; no está muerta, sino que duerme. Y se burlaban de él, sabiendo que estaba muerta. Mas él, tomándola de la mano, clamó diciendo: "Talita cumi" Muchacha, levántate. Entonces su espíritu volvió, e inmediatamente se levantó; y él mandó que se le diese de comer. sus padres estaban atónitos; pero Jesús les mandó que a nadie dijesen lo que había sucedido.
Solo podemos imaginar el gozo de Jairo y su mujer por volver a tener a su única hija viva, sana y salva. El Señor había hecho realmente un milagro relevante que haría que su familia fuese recordada durante la historia. Sin duda sería un hombre de fe, que el Señor había hecho crecer en la fe a través del sufrimiento de la pérdida de su hija amada, de su única hija, para que comprendiera hasta qué punto el Señor ama a Su pueblo, y espera que nosotros amemos a nuestros hermanos/as. Jairo, en su calidad de principal de la sinagoga, ya nunca más trataría a su prójimo al nivel que lo hacía antes de esta experiencia transformadora, sino que todos verían en él a un nuevo hombre, con un corazón nuevo, lleno de misericordia y de piedad, a un verdadero rabino de Israel que ha creído en Yahshua, el verdadero Mesías, el Hijo del Dios de Israel y de la humanidad.
Israel es la niña de doce años, la única hija de su padre, símbolo del Señor y la Iglesia, el Israel de Dios, el único pueblo que tiene Dios, formado por Judíos y Gentiles nacidos de nuevo, el cual está muerto si no tiene a Cristo. El pueblo de Dios, si no llega a recibir la maduración espiritual que es Cristo no puede hacerse una mujer, la esposa, la Iglesia que al madurar puede concebir hijos de espíritu, lo cual la Iglesia si puede por el Evangelio que es la semilla de Dios en nuestro corazón.

SINAGOGA E IGLESIA Y NUESTRA PROPIA ALMA

La sinagoga es el equivalente a la iglesia (el lugar) donde se congregan los hermanos. Sinagoga es un término griego, que no hebreo, aunque así se traduzca en el Antiguo Testamento en muchas Biblias es para hacer más comprensible la lectura. En tiempos del Señor había sinagogas, o "Casas de Reunión", no casas particulares como hacían los primeros Cristianos y hasta hoy. Una vez estudiamos la historia de la sinagoga vemos que su forma de gobierno es bastante parecida, algunos dirán que idéntica, al sistema congregacional. Se reunían en Sábado, y dos días entre semana, el segundo y el quinto.
En una misma ciudad había muchas congregaciones diferentes, distintas sinagogas, pero todas compartían, al igual que hoy lo hacen las iglesias, el mismo libro. Ellos la Torá, nosotros los Cristianos la Biblia, que incluye la Torá. Las sinagogas eran gobernadas por un grupo de ancianos, como las iglesias, los llamados principales, como Jairo, y dependiendo del número de miembros tendrían uno o más principales. Se consideraba una sinagoga, o congregación, cuando había al menos diez varones en cada reunión. Jairo equivale a un pastor o anciano de una iglesia. Los principales de la sinagoga eran hermanos de la congregación, pero habitualmente también habría entre sus miembros, sacerdotes (aunque no era necesario que los hubiera), así como escribas y fariseos.
Los principales como Jairo eran responsables de organizar la lectura de la Palabra de Dios, de la oración, la enseñaza de la Ley de Dios y la interpretación de la Torá. Imponían los castigos sobre su incumplimiento, discutían los asuntos de la comunidad, la política de su pueblo, aunque se sometían a la legislación del país donde estuviesen. etc. Jairo, conociendo en primera persona el poder y la autoridad de un principal del pueblo de Dios, nos aporta un grandísimo valor apologético al reconocer la superioridad de Jesús, Su poder y Sus señales, cómo sanaba por el poder de Dios, y siendo Judío, (los cuales no buscan sabiduría "pues tienen la de Dios en la Torá" sino señales de lo Alto), reconoce la autoridad del Mesías como el Ungido de Dios porque ellos, los principales, los rabinos de la sinagoga no tenían la autoridad de las regiones celestes, esto es, de la región espiritual en la que Jesucristo domina, y cae a los pies del Mesías clamando misericordia y sanidad para su hija sabiendo que Él tiene una autoridad superior a la suya e incluso a la del Sumo Sacerdote.
El caso de Jairo y su sinagoga se repite en toda iglesia que piensa que vive por su ministerio congregacional, pero no, vive por el Espíritu de Cristo, con una relación íntima con Jesús vivo. Somos, nuestra alma, la hija de todo hombre o mujer del Señor que pertenecemos a Su Cuerpo en cada ministerio, y el pueblo mismo del Señor en su conjunto como congregación, que le necesitamos a Él, quien nos dice "talita cumi" Israel levántate y anda en el camino del Mesías Jesucristo, Yahshua HaMashiaj del mismo modo que toda iglesia ha de levantarse y caminar de la mano de Jesucristo para tocar el borde de Su manto para que salga de Él el poder sobre nosotros.
En efecto cada uno de nosotros somos la niña, nuestra alma, la cual sí vive por su propio juicio y su propia interpretación particular de la Biblia y de la vida, muere, a la que Jesús dice "talita cumi" para que nos levantemos de la oscuridad de nuestra mente individualista y nos alumbre la luz del amor de Cristo como a Jairo, pues esto significa su nombre (Jairo: Aquel a quien Dios alumbra, o iluminado por Dios), pues somos templos del Espíritu Santo, cada uno en particular, además de estando dos o tres reunidos en Su nombre o con toda la congregación, iglesia o sinagoga mesiánica, o con todas las congregaciones en grandes eventos de adoración y evangelismo, tanto Cristianos como Judíos Mesiánicos.
Quede pues en la memoria del famoso "talita cumi" su consecuencia: ...Porque os digo que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: "Baruj Haba Beshem Adonai" Bendito el que viene en el nombre del Señor. Mateo 23:39.
Resultado de que Israel no recibió al Señor es que fueron dispersados por el mundo y el evangelio fue predicado a los Gentiles, como leemos en Romanos 10. Pero como enseña Pablo, que era Judío, fariseo y enemigo a muerte de la Iglesia, como lo siguen siendo hoy tantos de ellos, convertido por Dios a Cristo tirándolo al suelo del caballo en visión y señal del Dios de Israel, dejándolo ciego tres días, lo cual también hará Dios con los Judíos al final de los días, por lo que Pablo habiendo recibido la vista, ahora no solamente física sino del Espíritu Santo nos recuerda el amor que siente por su pueblo ciego y muerto al Espíritu Santo, pero a través del cual el Señor nos ha dado por mano de los que se congregan como sinagoga ...De los cuales son la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas; 5de quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén. Romanos 9. Por tanto oremos por la paz de Jerusalén y por la nación de Israel en el nombre de Jesucristo, el Mesías Yahshua.

ALGUNOS LÍDERES DE ISRAEL QUE RECIBIERON AL MESÍAS YAHSHUA

El sacerdote Zacarías, padre de Juan Bautista, Lucas 1. Leví, recaudador de impuestos, llamado Mateo, de cuyo nombre tenemos el primer Evangelio. Simón el fariseo al recibir a Jesús en su casa, Lucas 7:36-50. Jairo el principal de la sinagoga, que nos ocupa en este momento. Zaqueo, jefe de los publicanos, Lucas 19. José de Arimatea, miembro noble del concilio, varón bueno y justo, pidió el cuerpo de Jesús a Pilato y lo quitó de la Cruz, lo envolvió en una sábana y sepultaría al Señor en la cueva y haría rodar la gran piedra, Marcos 15:42. Nicodemo, fariseo, un principal entre los Judíos, maestro de Israel de cuya conversación con el Maestro tenemos la gran joya del Evangelio en Juan 3:3: ...el que no naciere de nuevo, no puede ver el Reino de Dios.

CONCLUSIÓN

A través de Jairo hemos podido ver la importancia que ha tenido la existencia de la sinagoga en la expansión del Cristianismo, pues en ellas enseñaron Jesús y sus discípulos y desde ellas salieron las primeras congregaciones Cristianas. Antioquia de Pisidia, Chipre, Alejandría y por supuesto la primera en Jerusalén, Hechos 13.
Oremos pues por nuestras naciones y por nuestros hermanos, pues Jesucristo ha heredado las naciones, Apocalipsis 2:26-27, que son la descendencia de Abraham, Gálatas 3:8, de las cuales, las que hayan sido salvas, vendrán a adorar al Señor en el Reino de Dios, para que estén incluidas en aquellas que han de ser salvas por la fe en la obra en la Cruz, del Hijo de Dios. ¡Talita cumi, naciones del mundo, levantaos porque os llama el Hijo de Dios ante Su venida!.

La despedida es de la carta de Saulo en Hebreos: ...Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno,os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén. Os ruego, hermanos, que soportéis la palabra de exhortación, pues os he escrito brevemente. Sabed que está en libertad nuestro hermano Timoteo, con el cual, si viniere pronto, iré a veros. Saludad a todos vuestros pastores, y a todos los santos. Los de Italia os saludan. La gracia sea con todos vosotros. Amén.


jueves, 22 de junio de 2017

Devoción Matutina Adultos Doble porción de maná



LA LEY Y EL SÁBADO

«En el sexto día recogieron doble porción de comida». Éxodo 16: 22

AL SEXTO DÍA el pueblo recogió doble porción de maná. Los jefes inmediatamente le comunicaron a Moisés lo que había pasado. Su respuesta fue: «Esto es lo que ha dicho Jehová: “Mañana es sábado, el día reposo consagrado a Jehová”» (Éxo. 16:23) […].

Dios requiere que hoy su santo día se observe tan sagradamente como en el tiempo de Israel. El mandamiento que se dio a los hebreos debe ser considerado por todos los cristianos como una orden de parte de Dios para ellos. El día anterior al sábado debe ser un día de preparación a fin de que todo esté listo para sus horas sagradas. Bajo ninguna circunstancia debemos permitir que nuestros propios negocios ocupen el tiempo sagrado. Dios ha mandado que se atienda a los que sufren y a los enfermos; el trabajo necesario para darles bienestar es una obra de misericordia, y no es una violación del sábado; pero todo trabajo innecesario debe evitarse. Muchos, por descuido, postergan hasta el inicio del sábado cosas pequeñas que pudieron haberse hecho en el día de preparación. Esto no debe ocurrir. El trabajo que no se hizo antes de iniciar el sábado debe quedar sin hacerse hasta que pase ese día. Este procedimiento fortalecerá la memoria de los distraídos, y los ayudará a realizar sus tareas en los seis días de trabajo.

Cada semana, durante su largo peregrinaje por el desierto, los israelitas presenciaron un triple milagro que debía inculcarles la santidad del sábado: cada sexto día caía doble cantidad de maná, nada caía el día séptimo, y la porción necesaria para el sábado se conservaba sin descomponerse, mientras que si se guardaba los otros días, se descomponía.


En el relato del maná hallamos evidencias contundentes de que el sábado no fue establecido, como muchos alegan, cuando se promulgó la ley en el Sinaí. Antes de que los israelitas llegaran al Sinaí, comprendían perfectamente que tenían la obligación de guardar el sábado. Al tener que recoger cada viernes doble porción de maná en preparación para el sábado, día en que no caía, la naturaleza sagrada del día de descanso les era constantemente recordada. Y cuando parte del pueblo salió en sábado a recoger maná, el Señor preguntó: «Hasta cuándo seguirán desobedeciendo mis leyes y mandamientos?»



Devoción Matutina Adultos La preparación para el sábado

JUSTO AL COMENZAR el cuarto mandamiento, el Señor dijo: «Acuérdate». Sabía que entre la multitud de ocupaciones y preocupaciones, nos veríamos tentados a excusarnos de satisfacer lo que requiere la ley, o nos olvidaríamos de su importancia sagrada. Por lo tanto, dijo: «Acuérdate del sábado para santificarlo» (Éxo. 20: 8).

Durante toda la semana debemos recordar el sábado y hacer preparativos para observarlo según el mandamiento. No solo debemos observar el sábado en forma legal. Debemos comprender su importancia espiritual sobre todas las acciones de nuestra vida. Todos los que consideren el sábado como una señal entre ellos y Dios y demuestren que Dios es quien los santifica, representarán los principios de su gobierno. Pondrán diariamente en práctica las leyes de su reino. Diariamente rogarán que la santificación del sábado descanse sobre ellos. Cada día tendrán el compañerismo de Cristo y ejemplificarán la perfección de su carácter. Cada día su luz brillará para los demás en sus buenas obras.

En todo lo que pertenece al éxito de la obra de Dios, las primeras victorias se deben ganar en el hogar. Allí debe empezar la preparación para el sábado. Recuerden los padres durante toda la semana que su hogar debe ser una escuela en la cual sus hijos se prepararán para el cielo. Sean correctas sus palabras. No escapen de sus labios expresiones que sus hijos no debieran oír. Mantengan su espíritu libre de irritación. Padres, vivan durante la semana como a la vista de un Dios santo, que les ha dado hijos para que los preparen para él. Instruyan así la pequeña iglesia que hay en su hogar, a fin de que el sábado todos puedan estar preparados para adorar en el santuario del Señor. Presenten cada mañana y noche sus hijos a Dios como su heredad comprada con sangre. Enséñenles que es su más alto deber y privilegio amar y servir a Dios. […]

Cuando el sábado se recuerde así, no permitiremos que lo temporal usurpe lo que pertenece a lo espiritual. No dejaremos para el sábado ningún deber que pertenezca a los seis días hábiles. Durante la semana nuestras energías no se agotarán de tal manera en el trabajo temporal que, en el día en que el Señor descansó y se deleitó, estemos demasiado cansados para dedicarnos a su servicio



lunes, 19 de junio de 2017

Devoción Matutina Adultos Una expresión de agradecimiento

DESPUÉS DE DESCANSAR el sábado, Dios lo santificó; es decir, lo escogió y apartó como día de reposo para el ser humano. Siguiendo el ejemplo del Creador, el ser humano había de reposar durante este sagrado día para que, mientras contemplara los cielos y la tierra, y reflexionara sobre la grandiosa obra de la creación de Dios; y para que, mientras mirara las evidencias de la sabiduría y bondad de Dios, su corazón se llenara de amor y reverencia hacia su Creador.

Al bendecir el sábado en el Edén, Dios estableció un recordativo de su obra creadora. El sábado fue confiado y entregado a Adán, padre y representante de toda la familia humana. Su observancia había de ser un acto de reconocimiento y gratitud de parte de todos los que habitaran la tierra, de que Dios era su Creador y su legítimo soberano, de que ellos eran la obra de sus manos y los súbditos de su autoridad. De esa manera, la institución del sábado era enteramente conmemorativa, y fue dada para toda la humanidad. No había nada en ella que fuera sombrío o que limitara su observancia a un solo pueblo.

Dios vio que el sábado era esencial para la humanidad, aun en el paraíso. Necesitaban dejar a un lado sus propios intereses y actividades durante un día de cada siete para poder contemplar más de lleno las obras de Dios y meditar en su poder y bondad. Necesitamos el sábado para que nos recuerde más vivamente la existencia de Dios, y para que despierte nuestra gratitud hacia él, pues todo lo que disfrutamos y poseemos procede de la mano bondadosa del Creador.

Dios quiere que el sábado dirija nuestra mente hacia la creación. La naturaleza habla a nuestros sentidos, declarándonos que hay un Dios viviente, Creador y supremo Soberano del universo. «Los cielos cuentan la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día emite palabra a otro día y una noche a otra noche declara sabiduría» (Sal. 19: 1-2). La belleza que cubre la tierra es una demostración del amor de Dios. La podemos contemplar en las colinas eternas, en los árboles frondosos, en los capullos que se abren y en las delicadas flores. Todo esto nos hablan de Dios. El sábado, señalando siempre hacia el que lo creó todo, nos manda a abrir el gran libro de la naturaleza y estudiar allí la sabiduría, el poder y el amor del Creador.

 

 

sábado, 17 de junio de 2017

Devoción Matutina Adultos El día del Señor


EL SALVADOR no vino a poner a un lado lo que los patriarcas y profetas habían dicho; porque él mismo había hablado mediante esos representantes suyos. Todas las verdades de la Palabra de Dios provenían de él. Estas gemas invaluables habían sido puestas en engastes falsos. Su preciosa luz había sido empleada para servir al error. Dios deseaba que fueran sacadas de su marco de error, y puestas en el de la verdad. Solo una mano divina podía realizar esta obra. Por su relación con el error, la verdad había estado sirviendo a la causa del enemigo de Dios y de la humanidad. Cristo había venido para colocar la verdad donde glorificara a Dios y obrara la salvación de los seres humanos. […] «El Hijo del hombre es Señor aun del sábado» (Mar. 2: 28). Estas palabras destilan instrucción y consuelo. Por haber sido hecho el sábado para el hombre, es el día del Señor. Pertenece a Cristo. Porque «todas las cosas por él fueron hechas; y sin él nada de lo que es hecho, fue hecho» (Juan 1: 3). Y como lo hizo todo, creó también el sábado. Él apartó el sábado como un monumento recordativo de la obra de la creación. El sábado nos presenta a Cristo como Santificador y Creador. Declara que el que creó todo lo que hay en el cielo y en la tierra, y mediante quien todas las cosas existen, es cabeza de la iglesia, y que por su poder somos reconciliados con Dios. Porque, hablando de Israel, dijo: «Y les di también mis sábados, para que fueran por señal entre yo y ellos, para que supieran que yo soy Jehová que los santifico» (Eze. 20: 12). Es decir, que los hace santos. Por lo tanto el sábado es una señal del poder de Cristo para santificarnos. Cristo da el sábado a todos aquellos a quienes santifica. Como señal de su poder santificador, el sábado es dado a todos los que por medio de Cristo llegan a formar parte del Israel de Dios.

Y el Señor dice: «Si retraes del sábado tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y lo llamas “delicia”, “santo”, “glorioso de Jehová” […] entonces te deleitarás en Jehová» (Isa. 58: 13-14). A todos los que reciban el sábado como señal del poder creador y redentor de Cristo, les resultará una delicia. Viendo a Cristo en él, se deleitan en él. El sábado les indica las obras de la creación como evidencia de su gran poder redentor. A la par que recuerda la paz perdida del Edén, habla de la paz restaurada por el Salvador



lunes, 12 de junio de 2017

Devoción Matutina Adultos. La obediencia es el fruto del amor

«El que tiene mis mandamientos y los guarda, ese es el que me ama». Juan 14: 21

LOS QUE SE SIENTAN inclinados a jactarse de su santidad debieran mirarse en el espejo de la ley de Dios. Cuando vean la amplitud de sus exigencias y comprendan cómo ella discierne los pensamientos e intentos del corazón, no se jactarán de su impecabilidad. […]

Hay quienes profesan santidad, quienes declaran que están completamente con el Señor, quienes pretenden tener derecho a las promesas de Dios, mientras rehúsan obedecer sus mandamientos. Dichos transgresores de la ley quieren recibir todo lo que fue prometido a los hijos de Dios; pero eso es presunción de su parte. Juan nos dice que el verdadero amor a Dios se manifiesta mediante la obediencia a todos sus mandamientos. No basta creer la teoría de la verdad, hacer una profesión de fe en Cristo, creer que Jesús no es un impostor, y que la religión de la Biblia no es una fábula. «El que dice: “Yo lo conozco”, pero no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso y la verdad no está en él. Pero el que guarda su palabra, en ese verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él» (1 Juan 2: 4-5). […] Juan no enseñó que la salvación se puede ganar por la obediencia; sino que la obediencia es el fruto de la fe y del amor. «Pero ustedes saben que Jesucristo se manifestó para quitar nuestros pecados. Y él no tiene pecado. Todo el que permanece en él, no practica el pecado. Todo el que practica el pecado, no lo ha visto ni lo ha conocido» (1 Juan 3: 5-6, NVI). Si permanecemos en Cristo, si el amor de Dios habita en nuestros corazones, nuestros sentimientos, pensamientos y acciones estarán de acuerdo con la voluntad de Dios. El corazón santificado está en armonía con los preceptos de su ley.


Muchos, aunque se esfuerzan por obedecer los mandamientos de Dios, no tienen paz y alegría. Esto es el resultado de no ejercer fe. Caminan como si estuvieran en una tierra salitrosa, o en un desierto reseco. Demandan poco, cuando podrían pedir mucho, pues las promesas de Dios no tienen límite. Este tipo de personas no representan correctamente la santificación que viene como resultado de la obediencia a la verdad. El Señor desea que todos sus hijos sean felices, llenos de paz y obedientes. Mediante el ejercicio de la fe el creyente llega a poseer esas bendiciones. Mediante ella se puede suplir cada deficiencia del carácter, purificar cada contaminación, corregir cada falta y desarrollar cada virtud.




domingo, 11 de junio de 2017

Devoción Matutina Adultos ¿Qué significa guardar los mandamientos de Dios?

«Pues este es el amor a Dios: que guardemos sus mandamientos». 1 Juan 5: 3

UNA RELIGIÓN FORMALISTA no es suficiente para poner el alma en armonía con Dios. La ortodoxia rígida e inflexible de los fariseos, sin verdadero arrepentimiento, ni ternura ni amor, no era más que un tropiezo para los pecadores. Se asemejaban ellos a sal que hubiera perdido su sabor; porque su influencia no tenía poder para proteger al mundo contra la corrupción. La única fe verdadera es la que «obra por el amor» (Gál. 5: 6) para purificar el alma. Es como una levadura que transforma el carácter. […]

El profeta Oseas había señalado lo que constituye la esencia del farisaísmo, en las siguientes palabras: «Israel era una vid frondosa, que daba fruto a su antojo» (Ose. 10:1, NVI). En el servicio que profesaban prestar a Dios, los judíos trabajaban en realidad para sí mismos. Su justicia era fruto de sus propios esfuerzos para observar la ley, conforme a sus propias ideas y para su propio bien egoísta. Por lo tanto, no podía ser mejor que ellos. En sus esfuerzos para hacerse santos, pretendían conseguir que surgiera pureza de algo inmundo. La ley de Dios es tan santa y tan perfecta como lo es él mismo, y revela su justicia. Es imposible que los seres humanos, por sus propias fuerzas, cumplan esta ley; porque la naturaleza humana es depravada, deforme y enteramente distinta del carácter de Dios. En las obras de nuestro corazón egoísta, «todos somos como gente impura; todos nuestros actos de justicia son como trapos de inmundicia» (Isa. 64: 6, NVI).

Aunque la ley es santa, los judíos no podían alcanzar la justicia por sus propios esfuerzos para guardarla. Los discípulos de Cristo, si querían entrar en el reino de los cielos, debían buscar una justicia diferente de la que exhibían los fariseos. Dios les ofreció, en su Hijo, la justicia perfecta de la ley. Si consentían en abrir sus corazones para recibir plenamente a Cristo, entonces la vida misma de Dios, su amor, moraría en ellos, transformándolos a su semejanza; así, por el don generoso de Dios, poseerían la justicia que exige la ley. Pero los fariseos rechazaron a Cristo; «no conociendo la justicia que proviene de Dios, y procurando establecer la suya propia» (Rom. 10: 3, NVI) no querían someterse a la justicia de Dios.


Jesús procedió entonces a mostrar a sus oyentes lo que significa observar los mandamientos de Dios, que son en sí mismos una reproducción del carácter de Cristo. En el Salvador, Dios se manifestaba diariamente ante ellos.



jueves, 8 de junio de 2017

Devocion Matutina para Adultos - La fuente de todas las Leyes

LA LEY Y EL SÁBADO

«¡Cuánto amo yo tu Ley! ¡Todo el día es ella mi meditación!». Salmo 119: 97

EN TODO LO CREADO se ve el sello de la Deidad. La naturaleza da testimonio de Dios. Cuando la mente sensible entra en contacto con el milagro y el misterio del universo, no puede dejar de reconocer la obra del Poder infinito. La fuerza productiva de la tierra y el movimiento que efectúa año tras año alrededor del sol, no se deben a una energía innata. Una mano invisible guía a los planetas en su recorrido por las órbitas celestes. Una misteriosa fuerza vital impregna toda la naturaleza, y ella sostiene los innumerables mundos que pueblan la inmensidad; alienta al minúsculo insecto que flota en la brisa veraniega; dirige el vuelo de la golondrina y alimenta a los pichones de cuervos que graznan; que hace florecer el capullo y convierte en fruto la flor.

El mismo poder que sostiene la naturaleza, ejerce su acción en el ser humano. Las mismas leyes que guían a la estrella y al átomo, rigen la vida humana. Las leyes que gobiernan la función del corazón para regular el impulso de la corriente de vida de nuestro cuerpo, son las leyes de la poderosa Inteligencia que tiene jurisdicción sobre el alma. De esa Inteligencia procede toda la vida. Únicamente en la armonía con Dios se puede hallar el verdadero ámbito de acción de la vida. La condición para todos los objetos de su creación es la misma: una vida sostenida por la vitalidad que se recibe de Dios, una vida que se encuentre en armonía con la voluntad del Creador. Quebrantar su ley, física, mental o moral, significa perder la armonía con el universo, introducir discordia, anarquía y ruina.

Toda la naturaleza se ilumina para aquel que aprende así a interpretar sus enseñanzas; el mundo es un libro de texto; la vida, una escuela. La vinculación del ser humano con la naturaleza y con Dios, el dominio universal de la ley, los resultados de la transgresión, no pueden dejar de impresionar la mente y modelar el carácter.


Estas son las lecciones que nuestros niños necesitan aprender. Para el niñito que aún no es capaz de captar lo que se enseña por medio de la página impresa o de ser iniciado en la rutina del aula, la naturaleza presenta una fuente inmejorable de instrucción y deleite. El corazón que no ha sido endurecido por el contacto con el mal, es perspicaz para reconocer la Presencia que penetra todo lo creado. El oído que no ha sido entorpecido por la algarabía del mundo, está atento a la Voz que habla por medio de las expresiones de la naturaleza.





Devoción Matutina Adultos La ley de Dios es eterna

FUE EL CREADOR de la raza humana, el Dador de la ley, quien declaró que no albergaba el propósito de anular sus preceptos. Todo en la naturaleza, desde la diminuta partícula que baila en un rayo de sol hasta los astros en los cielos, está sometido a leyes. De la obediencia a estas leyes dependen el orden y la armonía del mundo natural. Es decir que grandes principios de justicia gobiernan la vida de todos los seres inteligentes, y de la conformidad a estos principios depende el bienestar del universo. Antes de que se creara la tierra existía la ley de Dios. Los ángeles se rigen por sus principios y, para que este mundo esté en armonía con el cielo, el ser humano también debe obedecer los estatutos divinos. Cristo dio a conocer a nuestros primeros padres en el Edén los preceptos de la ley, «mientras cantaban a coro las estrellas matutinas y todos los ángeles gritaban de alegría» (Job 38: 7, NVI). La misión de Cristo en la tierra no fue abrogar la ley, sino hacer volver a los seres humanos por su gracia a la obediencia de sus preceptos.

El discípulo amado, que escuchó las palabras de Jesús en el monte, mucho tiempo después, bajo la inspiración del Espíritu Santo, declaró que la ley es una norma de vigencia perpetua, diciendo que «el pecado es transgresión de la ley»; ya que «todo el que comete pecado quebranta la ley» (1 Juan 3: 4, NVI). Y Juan deja claro que la ley a la cual se refiere «no es un mandamiento nuevo, sino uno antiguo que han tenido desde el principio» (1 Juan 2: 7, NVI). Habla de la ley que existía en la creación y que fue reiterada en el Sinaí.

Al hablar de la ley, dijo Jesús: «No he venido para anular, sino para cumplir» (Mat. 5: 17, NVI). Aquí usó la palabra «cumplir» en el mismo sentido que cuando declaró a Juan el Bautista su propósito de «cumplir con lo que es justo» (Mat. 3: 15, NVI), es decir, llenar la medida de lo requerido por la ley, dar un ejemplo de conformidad perfecta con la voluntad de Dios.

Su misión era «hacer su ley grande y gloriosa» (Isa. 42: 21, NVI). Debía enseñar la espiritualidad de la ley, presentar sus principios de vasto alcance y explicar claramente su vigencia perpetua. [… ]


Jesús, la imagen de la persona del Padre, el esplendor de su gloria; el que fue abnegado Redentor en toda su peregrinación de amor en el mundo, era una representación viva del carácter de la ley de Dios.



domingo, 4 de junio de 2017

Devoción Matutina Adultos El escudo de Dios

SOLO HABÍA UNA ESPERANZA para la humanidad, y era que se pusiera nueva levadura en aquella masa de elementos discordantes y corruptos; que se introdujera el poder de una vida nueva; que se restaurara en el mundo el conocimiento de Dios.

Cristo vino para restaurar ese conocimiento. Vino para poner a un lado las falsas enseñanzas mediante las cuales los que decían conocer a Dios lo habían desfigurado. Vino a manifestar la naturaleza de su ley, a revelar en su carácter la belleza de la santidad.

Cristo vino al mundo con el amor acumulado de toda la eternidad. Al eliminar las exigencias que hacían gravosa la ley de Dios, demostró que es una ley de amor, una expresión de la bondad divina. Demostró que la obediencia a sus principios entraña la felicidad de la humanidad, y con ella la estabilidad, el mismo cimiento y armazón de la sociedad. Lejos de contener requisitos arbitrarios, la ley de Dios nos ha sido dada como protección. El que acepta sus principios es preservado del mal. La fidelidad a Dios implica fidelidad al prójimo. De ese modo la ley protege los derechos y la individualidad de todo ser humano. Prohíbe al superior oprimir, y al subalterno desobedecer. Asegura nuestro bienestar, tanto en este mundo como en el venidero. Para el obediente es la garantía de la vida eterna, porque expresa los principios que permanecen para siempre.

Cristo vino a demostrar el valor de los principios divinos por medio de la revelación de su poder para regenerar a la especie humana. Vino a enseñar cómo se deben desarrollar y aplicar esos principios.


Entonces, para la gente, el valor de todo lo determinaba la apariencia exterior. Al perder su poder, la religión había aumentado su pompa. Los educadores de la época trataban de imponer respeto mediante la ostentación y la grandilocuencia. Comparada con todo esto, la vida de Cristo establecía un marcado contraste. Ponía en evidencia la falta de valor de las cosas que la gente consideraba como esenciales para la vida. Al nacer en el ambiente más rústico, al compartir un hogar y una vida humildes, y la ocupación de un artesano, al vivir una vida sin deseos de fama. […] En medio de estas circunstancias y entorno, Jesús siguió el plan divino de la educación.




martes, 30 de mayo de 2017

Devoción Matutina Adultos Oración y valor moral

SE REQUIERE VALOR moral para ponerse del lado de la observancia de los mandamientos del Señor. Un opositor de la verdad dijo en cierta ocasión que únicamente las personas de mente débil, necias e ignorantes se apartarían de las iglesias para observar el sábado como día de reposo. Pero un pastor que había aceptado la verdad replicó: «Si usted piensa que solo los débiles de mente actúan así, inténtelo usted». El acto de colocarse en el lado impopular requiere de valor moral, firmeza, decisión, perseverancia y mucha oración.

Debemos estar agradecidos porque ahora podemos acudir a Cristo tal como antaño acudían a él en el templo los pobres y los dolientes. Esperamos que esta casa sea una casa de oración, y que todos los que entren en ella se den cuenta de que lo hacen para reunirse con Dios. Cristo dijo: «Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mat.18: 20). Nosotros no esperamos poder proveerles siempre un pastor, así que ustedes deben echar sus propias raíces. Necesitan aprender a beber por ustedes mismos de la fuente de la vida. Ustedes no se han atrevido a pisotear los mandamientos de Dios, y se han colocado de parte de la verdad impopular, así que ahora dejen que fluyan los resultados. ¿Creen que el Salvador se apartará y los dejará luchar solos? Jamás. Pero él nunca les dijo a sus discípulos que no experimentarían pruebas, que no tendrían que manifestar un espíritu de abnegación ni realizar sacrificios. El Maestro fue un «varón de dolores, experimentado en sufrimiento» (Isa. 53: 3). «Ya conocen la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que aunque era rico, por causa de ustedes se hizo pobre, para que mediante su pobreza ustedes llegaran a ser ricos» (2 Cor. 8: 9, NVI). Demos gracias a Dios porque por medio de su pobreza podemos llamar a Dios nuestro Padre.

La pobreza está por apoderarse del mundo, y habrá un tiempo de angustia como nunca ha habido hasta ahora. Habrá guerras y rumores de guerras, y la angustia invadirá toda la humanidad. Es posible que ustedes tengan que sufrir ansiedad; es posible que algunas veces pasen hambre; pero Dios no los olvidará. Él probará la fe de ustedes. No debemos vivir para agradarnos. Estamos aquí para dar a conocer a Cristo al mundo, para representarlo a él y su poder ante la humanidad. […]


Cristo nos está probando hoy para ver si seremos obedientes a la ley de Dios como él lo fue, y así adaptarnos al ambiente celestial. Dios quiere un pueblo leal










El canon de la Biblia: ¿cómo se formó?

De todos los libros conocidos en la historia humana, ninguno es tan singular en su origen, tan maravilloso en sus afirmaciones, tan dinámico en sus promesas, o tan abarcante en su mensaje como lo es la Biblia. No es un libro común. Es más, no es un libro solo, sino una biblioteca con 39 libros en el Antiguo Testamento y 27 en el Nuevo.

Su composición llevó siglos, y su autoridad viene durando más todavía. El primero de los 40 autores bíblicos (Moisés) está separado del último (Juan) por unos 1.600 años. Los autores proceden de diversas profesiones y recibieron educación en todos los niveles concebibles, desde el más alto hasta el más bajo. Difirieron en su condición y ocupación: Algunos fueron ganaderos, pastores, soldados y pescadores; otros fueron reyes, legisladores, estadistas, cortesanos, sacerdotes, poetas y médicos.
Era inevitable que sus estilos literarios reflejasen las diferencias entre ellos. Algunos redactaron leyes; otros, poesía religiosa, y otros más, historia. Algunos emplearon prosa lírica; otros poesía lírica; unos escribían parábolas y alegorías, y otros biografías o diarios y memorias personales. Algunos escribieron profecía, y otros simplemente correspondencia personal.
Con toda esta diversidad, ¿cómo fue que los 66 libros llegaron a ser considerados lo suficientemente especiales o divinamente inspirados para ser incluidos en lo que hoy llamamos el “Canon” de la Biblia?
Lo primero que tenemos que entender aquí es que ningún individuo ni grupo de individuos compiló la Biblia. La Biblia fue creciendo. Este principio se aplica tanto al Antiguo como al Nuevo Testamentos. El principio unificador que hace de la Biblia algo santo, diferente y orgánicamente viviente es Cristo mismo, quien trae salvación. Al contemplar el proceso por el cual se escribieron estos libros y llegaron a ser aceptados como inspirados, notamos que Aquel que es este principio unificador, estaba obrando también.
El canon del Antiguo Testamento
“Pocos son los que se dan cuenta”, escribió George Smith, “que la Iglesia de Cristo posee una garantía superior para el canon del Antiguo Testamento que para el Nuevo”.1 Esta garantía superior consiste en la relación que Jesucristo estableció entre él mismo y los libros del Antiguo Testamento. Con frecuencia los citó como fuente de su autoridad. Tras la resurrección, les dijo a sus discípulos que la cruz y todo lo que le había ocurrido no era más que el cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento. De hecho, hay profecías mesiánicas intercaladas en todo el Antiguo Testamento. Obviamente, el Nuevo Testamento no recibió el mismo peso de la autoridad de Jesucristo porque todavía no había sido escrito.
La autoridad del Antiguo Testamento fue aceptada por el pueblo al que estaba destinado —Israel— mucho antes de la llegada del Mesías. Bastará un ejemplo. En el curso de una limpieza del templo durante el reinado de Josías, se encontró “el libro de la ley” por mucho tiempo descuidado. El libro fue presentado al rey, quien lo leyó. Se dio cuenta de que se había extraviado debido a la indiferencia de sus predecesores. En épocas anteriores se lo mantenía en el tabernáculo, después en el templo, y los sacerdotes lo leían frecuentemente. El rey solía toner un segundo ejemplar. La recuperación del libro de la ley fue considerada por Josías y los cronistas posteriores como un evento de gran importancia. El rey leyó en alta voz al pueblo algunos pasajes tomados de Levítico 26 y Deuteronomio 28 y 29. De esto se deduce que el “libro de la ley” representaba los primeros cinco libros de la Biblia o al menos parte de ellos. El redescubrimiento de este libro fue el motivador de la reforma que ocurrió durante su reinado.
Durante los 70 años del exilio babilónico, las palabras de los profetas fueron muy apreciadas. Judá como nación dejó de existir, incluyendo su capital y su templo. Pero todavía existían el libro de la ley y los libros de los profetas.
El Talmud judío afirma que Esdras, quien dirigía al pueblo al final del exilio en Babilonia, emprendió la recopilación y el cuidado del texto de la Ley y los Profetas. También sugiere que se convocó una “gran sinagoga” (asamblea) y que por algunos años toda la Ley, los Profetas y los Escritos fueron examinados y evaluados. Además de la obra de Esdras mismo, muchos estudiosos han sugerido que miembros de esta gran asamblea hicieron trabajo editorial.
Los libros del Antiguo Testamento se dividen comúnmente en cuatro secciones: el Pentateuco (los libros de Moisés), los libros históricos (Josué a Ester), los cinco libros de poesía y ética (Job a Cantares) y los libros de los profetas (Isaías a Malaquías).
El trabajo de conformar lo que llamamos el Antiguo Testamento había comenzado, gracias a Esdras y la Gran Sinagoga, ya por el 450 a.C. La mayoría de los estudiosos acepta hoy que, para tiempos de Cristo, el Antiguo Testamento existía en la forma delineada arriba.
Tras la caída de Jerusalén en el año 70 d.C. hubo bastante discusión sobre el canon bíblico. Un rabino llamado Yochanan ben Zakkai obtuvo permiso de las autoridades romanas para abrir una academia rabínica en Jamnia en la que se discutió el contenido del canon inspirado. El debate se centró en cuatro libros que algunos consideraban marginales: Proverbios, Eclesiastés, Cantares y Ester. Después de tratar los pros y contras, los eruditos acordaron incluirlos con los demás libros en el canon. De hecho, “los libros que decidieron reconocer como canónicos ya eran generalmente aceptados, aunque se habían levantado preguntas sobre ellos. Los que rehusaron aceptar nunca habían sido incluidos. Nunca expurgaron del canon ningún libro previamente aceptado”.2
La academia rabínica de Jamnia no invistió los libros de lo que llamamos el Antiguo Testamento con autoridad por el hecho de incluirlos en alguna lista sagrada. Los incluyeron en la lista —o canon— porque ya estaban reconocidos como inspirados por Dios, autoritativos, y lo habían sido, en la mayoría de los casos, ya por siglos.
Un contemporáneo de Jesucristo, Filón de Alejandría, aceptó el canon del Antiguo Testamento en la forma reconocida hoy. Lo mismo ocurre con Flavio Josefo, autor del siglo primero. La lista más antigua de libros del Antiguo Testamento fue redactada por Melitón, obispo de Sardis, por el 170 d.C., y está preservada en el cuarto volumen de la Historia eclesiástica de Eusebio de Cesarea.3
El canon del Nuevo Testamento 
El Nuevo Testamento tiene tres categorías de libros: los narrativos (los cuatro evangelios y Hechos), las epístolas y un libro apocalíptico, el Apocalipsis de San Juan.
Aunque llevó sólo unos 50 años escribir los libros del Nuevo Testamento, darle la forma que tiene actualmente llevó mucho más. No encontramos antes del 367 una enumeración de libros exactamente con la forma actual. Esta lista aparece en una carta pascual de un obispo cristiano, Atanasio.
Durante los dos siglos y medio transcurridos entre la finalización del último libro del Nuevo Testamento y la lista de Atanasio hubo mucha discusión sobre qué libros debieran ser o no incluidos en el canon. El Antiguo Testamento era la Sagrada Escritura de los primeros cristianos. Gradualmente algunos escritos cristianos fueron colocados a la par del Antiguo Testamento, “no por algún decreto de un concilio sino por el consenso de los creyentes; la intuición espiritual de la Iglesia vino a decidir paulatinamente cuáles de sus escritos debieran ser considerados ‘canónicos’”.4
¿Qué produjo “el consenso de los creyentes”? ¿Qué informó la “intuición espiritual de la iglesia”? Los libros descartados del canon del Antiguo Testamento llegaron a ser llamados “apócrifos”. Otro grupo de libros mal adjudicados —los pseudoepigráficos— también fue descartado. Los apócrifos contienen historia y dichos sapienciales. Los pseudoepigráficos contienen mucho de magia y poca historia. Al examinar los libros descartados del Nuevo Testamento —los apócrifos— nuevamente detectamos la acción de una influencia guiadora sobrenatural.
Los libros incluidos fueron aquellos reconocidos como inspirados por Dios y capaces de ayudar espiritualmente a los seres humanos y dar a conocer a Cristo. Se los reconoció como escritos por hombres cercanos a Jesús e implicados en la gran aventura del primer siglo que llevó el evangelio a los límites del mundo entonces conocido.
Un contemporáneo griego de Atanasio habló del “eco de una gran alma” que él declaraba percibir en los libros canónicos del Nuevo Testamento. William Barclay, el renombrado estudioso del Nuevo Testamento, dice: “El timbre de sublimidad se percibe en los libros del Nuevo Testamento. Llevan la grandeza impresa en sus rostros. Son autoevidentes”.
Cuando el traductor bíblico J. B. Phillips comparó los libros del Nuevo Testamento “con los escritos que fueron excluidos del Nuevo Testamento por los antiguos Padres” no pudo menos que “admirar su sabiduría”. Afirmó: “Probablemente la mayor parte de la gente no ha tenido la oportunidad de leer los ‘evangelios’ y las ‘epístolas’ apócrifos, como lo han hecho los estudiosos. Sólo puedo decir que en tales escritos respiramos una atmósfera de magia y fantasía, de mito y fábula. En toda la tarea de traducir el Nuevo Testamento, no importa cuán grande fuera el desafío, nunca llegué a sentir que se me arrastraba a un mundo hechizado, embrujado y sometido a poderes mágicos tales como abundan en los libros rechazados del Nuevo Testamento. Fue ese sentimiento de fe y confianza lo que me llevó a la convicción, difícil de expresar con palabras, que estamos frente a lo genuino y auténtico”.5
El argumento de la “autoevidencia” se hace más convincente al leer uno mismo los libros que casi entraron en el Nuevo Testamento, pero no lo lograron; libros cuyos autores quisieron que fuesen aceptados y no lo fueron. En el siglo II se escribió una serie de libros llamados “evangelios de la infancia”. Los cuatro evangelios canónicos no nos dan detalles de la primeras tres décadas de la vida de Jesús hasta el comienzo de su ministerio público. Estos “evangelios de la infancia” se propusieron llenar ese vacío.
El llamado “evangelio de Tomás” supuestamente contiene un registro de la infancia de Jesús. El niño Jesús, mientras juega, aparece creando del barro pajaritos con vida, y haciendo caer muerto a un chico que “vino corriendo y se estrelló contra su hombro”. A Jesús, como aprendiz de carpintero, se lo presenta estirando las vigas de madera que no alcanzaban la medida como si fueran de goma, y ejerciendo toda una serie de poderes mágicos totalmente inútiles.
Nadie puede confundir una cosa así con la verdadera Biblia. De hecho, la Escritura es autoevidente. Cuando se comparan los evangelios con estos libros, se hace claro por qué algunos libros quedaron adentro y otros fuera, sin apelación. La línea es claramente definida y no cabe discusión.
Se tuvo mucho cuidado en asegurar que los autores de los libros canónicos hubieran conocido a Jesús personalmente. La señal distintiva de estos hombres era su preocupación de demostrar que el Jesús que verdaderamente hizo estas cosas en el pasado era el mismo Cristo viviente que sigue haciéndolas.
En el libro de Hechos de los Apóstoles, cada uno de los sermones termina destacando la realidad de la resurrección. Para el Nuevo Testamento Jesús sobre todo es el Cristo viviente. Por cuanto los evangelistas estaban hablando de este Jesús viviente, dieron una cantidad desproporcionada de espacio a la última semana antes de la crucifixión y resurrección. El interés central de los discípulos, de la cristiandad y su teología, es la muerte y resurrección de Jesús. Los libros que no hicieron de esto su interés central simplemente fueron dejados de lado o deliberadamente excluidos.
“Bien podemos creer”, dice el profesor F. F. Bruce, “que aquellos antiguos cristianos actuaron con una sabiduría mayor que la suya propia en este asunto, no sólo por lo que aceptaron, sino por lo que rechazaron”. “Lo que es de destacar especialmente es que el canon del Nuevo Testamento no fue delimitado por el decreto arbitrario de ningún concilio. Cuando por último el concilio eclesiástico —el sínodo de Hipona en el 393— elaboró una lista con los 27 libros del Nuevo Testamento no les confirió con ello ninguna autoridad que no poseyesen hasta entonces, sino simplemente registró su canonicidad establecida previamente”.6
En resumen, el proceso por el cual los libros del Nuevo Testamento llegaron a ser aceptados como inspirados por Dios fue, esencialmente, el mismo que llevó a la aceptación de los del Antiguo. Estos dos libros, la Biblia de los apóstoles y la Biblia que escribieron los apóstoles, unidos llegaron a abarcar lo que los cristianos aceptan como la Palabra escrita de Dios, el principio unificador de la cual es Cristo mismo, quien trae salvación. De ese modo la Biblia, la Palabra inspirada, tiene su origen, autoridad y genuinidad enraizada en Cristo, la Palabra (Verbo) encarnada


domingo, 28 de mayo de 2017

Devoción Matutina Adultos Noches en oración

LA MAJESTAD DEL CIELO, mientras se ocupaba de su ministerio terrenal, oraba mucho a su Padre. Frecuentemente pasaba toda la noche postrado en oración. A menudo su espíritu se entristecía al sentir los poderes de las tinieblas de este mundo, y dejaba la bulliciosa ciudad y el ruidoso gentío, para buscar un lugar apartado para sus oraciones intercesoras. El monte de los Olivos era el refugio favorito del Hijo de Dios para sus devociones. Frecuentemente después de que la multitud lo había dejado para retirarse a descansar, él no descansaba, aunque se sentía agotado por la labor del día. En el Evangelio de Juan leemos: «Cada uno se fue a su casa, pero Jesús se fue al monte de los Olivos» (Juan 7: 53-8: 1). Mientras la ciudad estaba sumida en el silencio, y los discípulos habían regresado a sus hogares para descansar, Jesús no dormía. Sus ruegos ascendían a su Padre desde el monte de los Olivos pidiendo que sus discípulos fuesen guardados de las malas influencias que enfrentarían a diario en el mundo, y para que su propia alma pudiera ser fortalecida y revitalizada para enfrentar las obligaciones y las pruebas del día siguiente. Mientras que sus discípulos dormían, su divino Maestro pasaba toda la noche orando. El rocío y la escarcha de la noche caían sobre su cabeza inclinada en oración. Él dejó su ejemplo para sus seguidores.


Cristo, mientras se ocupaba de su misión, se dedicaba frecuentemente y sinceramente a la oración. No siempre visitaba el monte de los Olivos pues sus discípulos conocían su refugio favorito, y a menudo lo seguían. Elegía la quietud de la noche cuando nadie lo interrumpía. Jesús podía sanar a los enfermos y resucitar a los muertos. Él mismo era una fuente de bendición y fortaleza. Mandaba aun a las tempestades, y ellas le obedecían. Ni el pecado ni la corrupción lo habían podido contaminar; sin embargo oraba, y a menudo lo hacía con profundo llanto y lágrimas. Oraba por sus discípulos y por sí mismo, identificándose con nuestras necesidades, nuestras debilidades y nuestros fracasos, que son tan característicos de nuestra humanidad. Pedía con poder, sin poseer las pasiones de nuestra naturaleza humana caída, pero provisto de debilidades similares, «tentado en todo según nuestra semejanza» (Heb. 4: 15). Jesús sufrió una agonía que requería la ayuda y el apoyo de su Padre.





jueves, 25 de mayo de 2017

¿CUAL ES LA VERDADERA CURACION DEL SER HUMANO?

Beber sin agotarla jamás. La religión es la verdadera ciencia de la curación.- La religión es un principio del corazón, no una palabra mágica o un truco de la mente. Miren sólo a Jesús. Esta es la única esperanza, y la de los esposos, de obtener la vida eterna. Esta es la verdadera ciencia de la curación para el cuerpo y el alma. La mente no debe tener como centro a ningún ser humano, sino sólo a Dios.-  El amor por el Redentor disipa los miasmas.- La mente está nublada por la malaria sensual. Los pensamientos necesitan purificación. ¡Qué no podrían haber sido los hombres y las mujeres si hubieran comprendido que la manera  como se trata el cuerpo es de vital importancia para el vigor y la pureza de la mente y el corazón! El verdadero cristiano participa de experiencias que producen santificación. Queda sin una mancha de culpa en la conciencia, sin una mancha de corrupción en el alma. La espiritualidad de la ley de Dios, con sus principios restrictivos, penetra en su vida. La luz de la verdad irradia su entendimiento. Un resplandor de perfecto amor por el Redentor despeja el miasma que se ha interpuesto entre su alma y Dios. La voluntad de Dios se ha convertido en su voluntad: pura, elevada, refinada y santificada. Su rostro revela la luz del cielo. Su cuerpo es templo adecuado para el Espíritu Santo. La santidad adorna su carácter. Dios puede tener comunión con él, pues el alma y el cuerpo están en armonía con Dios.-  El amor de Cristo es un poder vitalizador.- El amor que Cristo infunde a todo nuestro ser es un poder vivificante. Da salud a cada una de las partes vitales: el cerebro, el corazón y los nervios. Por su medio las energías más potentes de nuestro ser despiertan y entran en actividad. Libra el alma de culpa y tristeza, de la ansiedad y congoja que agotan las fuerzas de la vida. Con él vienen la serenidad y la calma. Implanta en el alma un gozo que nada en la tierra puede destruir: el gozo que hay en el Espíritu Santo, un gozo que da salud y vida.-.

Saludos
Eliseo Cuesta






Devoción Matutina Adultos Que las reuniones de oración no sean cansonas

LAS REUNIONES de oración deben ser los cultos más interesantes de todos, pero con frecuencia son mal dirigidas. Muchos asisten a la predicación, pero descuidan la reunión de oración. Hemos de reflexionar en esto. Se debe pedir sabiduría a Dios, y se han de hacer planes para dirigir las reuniones de manera que sean interesantes y atractivas. La gente tiene hambre del pan de vida. Si lo encuentra en la reunión de oración, irá para recibirlo.

Las oraciones y los discursos largos y triviales no cuadran en ningún lugar, y mucho menos en la reunión de testimonios. Se permite que los más osados y los que están siempre listos para hablar impidan a los tímidos y retraídos que den su testimonio. Los más superficiales son generalmente los que tienen más que decir. Sus oraciones son largas y mecánicas. Cansan a los ángeles y a la gente que los escucha. Las oraciones deben ser cortas y al punto. Si alguien quiere ofrecer una oración larga que lo haga en su habitación, en privado. Dejemos al Espíritu de Dios entrar en nuestro corazón, y él apartará toda árida formalidad.— Testimonios para la iglesia, t. 4, p. 74.

Cristo inculcó en sus discípulos la idea de que sus oraciones debían ser cortas y expresar exactamente lo que querían, y nada más. Les indicó la longitud y el contenido que debían caracterizar sus oraciones; debían expresar sus deseos de bendiciones temporales y espirituales, y su gratitud por las mismas. ¡Cuán abarcante es esta oración modelo! Se refiere a la necesidad real de todos. Uno o dos minutos bastan para cualquier oración común. Hay casos en que el Espíritu de Dios nos dicta la oración en una forma especial, cuando se eleva la súplica en el Espíritu. El alma anhelante siente agonía y gime en busca de Dios. El espíritu lucha como luchó Jacob, y no quiere descansar sin manifestaciones especiales del poder de Dios. Así quiere Dios que sea.


Pero muchos elevan oraciones improductivas, como si fueran sermones. Oran a los seres humanos y no a Dios. Si estuvieran orando a Dios y comprendieran realmente lo que están haciendo, se alarmarían por su atrevimiento; porque dirigen un discurso al Señor a modo de oración, como si el Creador del universo necesitara información especial sobre temas generales relacionados con las cosas que suceden en el mundo. Esta clase de oraciones son como «metal que resuena y címbalo que retiñe» (1 Cor. 13: 1). No son anotadas en el cielo. Los ángeles de Dios se cansan de ellas, tanto como los mortales que están obligados a escucharlas.



domingo, 21 de mayo de 2017

Devoción Matutina Adultos ¿Por cuáles cosas debemos orar?

Devoción Matutina Adultos ¿Por cuáles cosas debemos orar?

MUCHOS SON LOS que, aunque se esfuerzan por guardar los mandamientos de Dios, tienen poca paz y alegría. Ese vacío en su experiencia es el resultado de no ejercer la fe. Caminan como si estuvieran en una tierra salitrosa, o en un desierto. Exigen poco, cuando podrían pedir mucho, ya que las promesas de Dios son ilimitadas. No representan correctamente la santificación que se obtiene mediante la obediencia. El Señor desea que todos sus hijos sean felices, llenos de paz y obedientes. Mediante el ejercicio de la fe, el creyente llega a poseer esas bendiciones. Mediante ella puede suplirse cada deficiencia del carácter, purificarse cada contaminación, corregirse cada falta, desarrollarse cada excelencia.

La oración es el medio ordenado por el cielo para obtener éxito en el conflicto con el pecado y desarrollar el carácter cristiano. Las influencias divinas que vienen en respuesta a la oración de fe, efectuarán en el alma del suplicante todo lo que pide. Podemos pedir perdón por el pecado, podemos pedir el Espíritu Santo, un temperamento semejante al de Cristo, sabiduría y poder para realizar su obra, o cualquier otro don que él ha prometido; y la promesa es: «Se les dará» (Mat. 7: 7, NVI).

Fue en el monte con Dios donde Moisés contempló el modelo de aquel maravilloso edificio donde debía morar su gloria. Es en el monte con Dios —en el lugar secreto de comunión— donde nosotros podemos contemplar su glorioso ideal para la humanidad. En todas las edades, mediante la comunión con el cielo, Dios ha cumplido su propósito para sus hijos, desarrollando gradualmente ante sus mentes las doctrinas de la gracia. Su manera de impartir la verdad se ilustra con las siguientes palabras: «Tan cierto como que sale el sol» (Ose. 6: 3, NVI). El que se coloca donde Dios puede iluminarlo, alcanza, por decirlo así, desde la oscuridad parcial del alba hasta la plena luz del mediodía.


La verdadera santificación significa amor perfecto, obediencia perfecta y conformidad perfecta a la voluntad de Dios. Somos santificados por Dios mediante la obediencia a la verdad. Nuestra conciencia debe ser purificada de las obras de muerte sirviendo al Dios viviente. Todavía no somos perfectos; pero es nuestro privilegio separarnos de los lazos del yo y del pecado y avanzar hacia la perfección