El destino del Mundo

Dios creó nuestra historia y a ÉL nos debemos

domingo, 28 de mayo de 2017

Devoción Matutina Adultos Noches en oración

LA MAJESTAD DEL CIELO, mientras se ocupaba de su ministerio terrenal, oraba mucho a su Padre. Frecuentemente pasaba toda la noche postrado en oración. A menudo su espíritu se entristecía al sentir los poderes de las tinieblas de este mundo, y dejaba la bulliciosa ciudad y el ruidoso gentío, para buscar un lugar apartado para sus oraciones intercesoras. El monte de los Olivos era el refugio favorito del Hijo de Dios para sus devociones. Frecuentemente después de que la multitud lo había dejado para retirarse a descansar, él no descansaba, aunque se sentía agotado por la labor del día. En el Evangelio de Juan leemos: «Cada uno se fue a su casa, pero Jesús se fue al monte de los Olivos» (Juan 7: 53-8: 1). Mientras la ciudad estaba sumida en el silencio, y los discípulos habían regresado a sus hogares para descansar, Jesús no dormía. Sus ruegos ascendían a su Padre desde el monte de los Olivos pidiendo que sus discípulos fuesen guardados de las malas influencias que enfrentarían a diario en el mundo, y para que su propia alma pudiera ser fortalecida y revitalizada para enfrentar las obligaciones y las pruebas del día siguiente. Mientras que sus discípulos dormían, su divino Maestro pasaba toda la noche orando. El rocío y la escarcha de la noche caían sobre su cabeza inclinada en oración. Él dejó su ejemplo para sus seguidores.


Cristo, mientras se ocupaba de su misión, se dedicaba frecuentemente y sinceramente a la oración. No siempre visitaba el monte de los Olivos pues sus discípulos conocían su refugio favorito, y a menudo lo seguían. Elegía la quietud de la noche cuando nadie lo interrumpía. Jesús podía sanar a los enfermos y resucitar a los muertos. Él mismo era una fuente de bendición y fortaleza. Mandaba aun a las tempestades, y ellas le obedecían. Ni el pecado ni la corrupción lo habían podido contaminar; sin embargo oraba, y a menudo lo hacía con profundo llanto y lágrimas. Oraba por sus discípulos y por sí mismo, identificándose con nuestras necesidades, nuestras debilidades y nuestros fracasos, que son tan característicos de nuestra humanidad. Pedía con poder, sin poseer las pasiones de nuestra naturaleza humana caída, pero provisto de debilidades similares, «tentado en todo según nuestra semejanza» (Heb. 4: 15). Jesús sufrió una agonía que requería la ayuda y el apoyo de su Padre.





jueves, 25 de mayo de 2017

¿CUAL ES LA VERDADERA CURACION DEL SER HUMANO?

Beber sin agotarla jamás. La religión es la verdadera ciencia de la curación.- La religión es un principio del corazón, no una palabra mágica o un truco de la mente. Miren sólo a Jesús. Esta es la única esperanza, y la de los esposos, de obtener la vida eterna. Esta es la verdadera ciencia de la curación para el cuerpo y el alma. La mente no debe tener como centro a ningún ser humano, sino sólo a Dios.-  El amor por el Redentor disipa los miasmas.- La mente está nublada por la malaria sensual. Los pensamientos necesitan purificación. ¡Qué no podrían haber sido los hombres y las mujeres si hubieran comprendido que la manera  como se trata el cuerpo es de vital importancia para el vigor y la pureza de la mente y el corazón! El verdadero cristiano participa de experiencias que producen santificación. Queda sin una mancha de culpa en la conciencia, sin una mancha de corrupción en el alma. La espiritualidad de la ley de Dios, con sus principios restrictivos, penetra en su vida. La luz de la verdad irradia su entendimiento. Un resplandor de perfecto amor por el Redentor despeja el miasma que se ha interpuesto entre su alma y Dios. La voluntad de Dios se ha convertido en su voluntad: pura, elevada, refinada y santificada. Su rostro revela la luz del cielo. Su cuerpo es templo adecuado para el Espíritu Santo. La santidad adorna su carácter. Dios puede tener comunión con él, pues el alma y el cuerpo están en armonía con Dios.-  El amor de Cristo es un poder vitalizador.- El amor que Cristo infunde a todo nuestro ser es un poder vivificante. Da salud a cada una de las partes vitales: el cerebro, el corazón y los nervios. Por su medio las energías más potentes de nuestro ser despiertan y entran en actividad. Libra el alma de culpa y tristeza, de la ansiedad y congoja que agotan las fuerzas de la vida. Con él vienen la serenidad y la calma. Implanta en el alma un gozo que nada en la tierra puede destruir: el gozo que hay en el Espíritu Santo, un gozo que da salud y vida.-.

Saludos
Eliseo Cuesta






Devoción Matutina Adultos Que las reuniones de oración no sean cansonas

LAS REUNIONES de oración deben ser los cultos más interesantes de todos, pero con frecuencia son mal dirigidas. Muchos asisten a la predicación, pero descuidan la reunión de oración. Hemos de reflexionar en esto. Se debe pedir sabiduría a Dios, y se han de hacer planes para dirigir las reuniones de manera que sean interesantes y atractivas. La gente tiene hambre del pan de vida. Si lo encuentra en la reunión de oración, irá para recibirlo.

Las oraciones y los discursos largos y triviales no cuadran en ningún lugar, y mucho menos en la reunión de testimonios. Se permite que los más osados y los que están siempre listos para hablar impidan a los tímidos y retraídos que den su testimonio. Los más superficiales son generalmente los que tienen más que decir. Sus oraciones son largas y mecánicas. Cansan a los ángeles y a la gente que los escucha. Las oraciones deben ser cortas y al punto. Si alguien quiere ofrecer una oración larga que lo haga en su habitación, en privado. Dejemos al Espíritu de Dios entrar en nuestro corazón, y él apartará toda árida formalidad.— Testimonios para la iglesia, t. 4, p. 74.

Cristo inculcó en sus discípulos la idea de que sus oraciones debían ser cortas y expresar exactamente lo que querían, y nada más. Les indicó la longitud y el contenido que debían caracterizar sus oraciones; debían expresar sus deseos de bendiciones temporales y espirituales, y su gratitud por las mismas. ¡Cuán abarcante es esta oración modelo! Se refiere a la necesidad real de todos. Uno o dos minutos bastan para cualquier oración común. Hay casos en que el Espíritu de Dios nos dicta la oración en una forma especial, cuando se eleva la súplica en el Espíritu. El alma anhelante siente agonía y gime en busca de Dios. El espíritu lucha como luchó Jacob, y no quiere descansar sin manifestaciones especiales del poder de Dios. Así quiere Dios que sea.


Pero muchos elevan oraciones improductivas, como si fueran sermones. Oran a los seres humanos y no a Dios. Si estuvieran orando a Dios y comprendieran realmente lo que están haciendo, se alarmarían por su atrevimiento; porque dirigen un discurso al Señor a modo de oración, como si el Creador del universo necesitara información especial sobre temas generales relacionados con las cosas que suceden en el mundo. Esta clase de oraciones son como «metal que resuena y címbalo que retiñe» (1 Cor. 13: 1). No son anotadas en el cielo. Los ángeles de Dios se cansan de ellas, tanto como los mortales que están obligados a escucharlas.



domingo, 21 de mayo de 2017

Devoción Matutina Adultos ¿Por cuáles cosas debemos orar?

Devoción Matutina Adultos ¿Por cuáles cosas debemos orar?

MUCHOS SON LOS que, aunque se esfuerzan por guardar los mandamientos de Dios, tienen poca paz y alegría. Ese vacío en su experiencia es el resultado de no ejercer la fe. Caminan como si estuvieran en una tierra salitrosa, o en un desierto. Exigen poco, cuando podrían pedir mucho, ya que las promesas de Dios son ilimitadas. No representan correctamente la santificación que se obtiene mediante la obediencia. El Señor desea que todos sus hijos sean felices, llenos de paz y obedientes. Mediante el ejercicio de la fe, el creyente llega a poseer esas bendiciones. Mediante ella puede suplirse cada deficiencia del carácter, purificarse cada contaminación, corregirse cada falta, desarrollarse cada excelencia.

La oración es el medio ordenado por el cielo para obtener éxito en el conflicto con el pecado y desarrollar el carácter cristiano. Las influencias divinas que vienen en respuesta a la oración de fe, efectuarán en el alma del suplicante todo lo que pide. Podemos pedir perdón por el pecado, podemos pedir el Espíritu Santo, un temperamento semejante al de Cristo, sabiduría y poder para realizar su obra, o cualquier otro don que él ha prometido; y la promesa es: «Se les dará» (Mat. 7: 7, NVI).

Fue en el monte con Dios donde Moisés contempló el modelo de aquel maravilloso edificio donde debía morar su gloria. Es en el monte con Dios —en el lugar secreto de comunión— donde nosotros podemos contemplar su glorioso ideal para la humanidad. En todas las edades, mediante la comunión con el cielo, Dios ha cumplido su propósito para sus hijos, desarrollando gradualmente ante sus mentes las doctrinas de la gracia. Su manera de impartir la verdad se ilustra con las siguientes palabras: «Tan cierto como que sale el sol» (Ose. 6: 3, NVI). El que se coloca donde Dios puede iluminarlo, alcanza, por decirlo así, desde la oscuridad parcial del alba hasta la plena luz del mediodía.


La verdadera santificación significa amor perfecto, obediencia perfecta y conformidad perfecta a la voluntad de Dios. Somos santificados por Dios mediante la obediencia a la verdad. Nuestra conciencia debe ser purificada de las obras de muerte sirviendo al Dios viviente. Todavía no somos perfectos; pero es nuestro privilegio separarnos de los lazos del yo y del pecado y avanzar hacia la perfección



jueves, 18 de mayo de 2017

Devoción Matutina Adultos Oración y promesas


LA LLAVE DE LOS DEPÓSITOS CELESTIALES

«Por medio de estas cosas nos ha dado sus promesas, que son muy grandes y de mucho valor, para que por ellas lleguen ustedes a tener parte en la naturaleza de Dios». 2 Pedro 1: 4, DHH

CUANDO SUPLICAMOS al Señor que se compadezca de nosotros en nuestras aflicciones y que nos guíe mediante su Santo Espíritu, no desoirá nuestra petición. Es posible que aun un padre se aleje de su hijo hambriento, pero Dios no podrá nunca rechazar el clamor del corazón menesteroso y anhelante. ¡Con qué ternura maravillosa describió su amor! A los que en días de tinieblas sientan que Dios no cuida de ellos, este es el mensaje del corazón del Padre: «Pero Sion dijo: “El Señor me ha abandonado; el Señor se ha olvidado de mí”. ¿Puede una madre olvidar a su niño de pecho, y dejar de amar al hijo que ha dado a luz? ¡Aun cuando ella lo olvidara, ¡yo no te olvidaré! Grabada te llevo en las palmas de mis manos» (Isa. 49: 14-16, NVI).

Toda promesa de la Palabra de Dios viene a ser un motivo para orar, pues su cumplimiento nos ha sido garantizado por la palabra empeñada por el señor. Tenemos el privilegio de pedir por medio de Jesús cualquier bendición espiritual que necesitemos. Podemos decir al Señor exactamente lo que necesitamos, con la sencillez de un niño. Podemos exponerle nuestros asuntos temporales, y suplicarle pan y vestido, así como el pan de vida y el manto de la justicia de Cristo. Nuestro Padre celestial sabe que necesitamos todas estas cosas, y nos invita a pedírselas. En el nombre de Jesús es como se recibe todo favor. […]

No olvidemos, sin embargo, que al acercarnos a Dios como a un Padre, reconocemos nuestra relación con él como hijos. No solamente nos fiamos en su bondad, sino que nos sometemos a su voluntad en todas las cosas, sabiendo que su amor no cambia. Nos consagramos para hacer su obra. A quienes había invitado a buscar primero el reino de Dios y su justicia, Jesús les prometió: «Pidan y recibirán» (Juan 16: 24, NVI).


Los dones de Aquel que tiene todo poder en el cielo y en la tierra esperan a los hijos de Dios. Todos los que acudan a Dios como niñitos recibirán y gozarán dádivas preciosísimas pues las proveyó el costoso sacrificio de la sangre del Redentor, dones que satisfarán el anhelo más profundo del corazón, regalos permanentes como la eternidad. Aceptemos como dirigidas a nosotros las promesas de Dios. Presentémoslas ante él como sus propias palabras, y recibiremos la plenitud del gozo





lunes, 15 de mayo de 2017

Devoción Matutina Adultos Hermosas oraciones

HASTA ENTONCES, los discípulos no conocían los recursos y el poder limitado del Salvador. Él les dijo: «Hasta ahora no han pedido nada en mi nombre» (Juan 16: 24, NVI). Explicó que el secreto de su éxito consistiría en pedir fuerza y gracia en su nombre. Estaría delante del Padre para pedir por ellos. La oración del humilde suplicante es presentada por él como su propio deseo en favor de aquella alma. Cada oración sincera es oída en el cielo. Tal vez no sea expresada con fluidez; pero si procede del corazón ascenderá al santuario donde Jesús ministra, y él la presentará al Padre sin balbuceos, hermosa y fragante con el incienso de su propia perfección.

La senda de la sinceridad e integridad no es una senda libre de obstáculos, pero en toda dificultad hemos de ver una invitación a orar. Nadie tiene poder que no haya recibido de Dios, y la fuente de donde proviene está abierta para el ser humano más débil. «Y todo lo que pidan al Padre en mi nombre —dijo Jesús—, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo piden en mi nombre, yo lo haré» (Juan 14: 13-14, RVC).

Cristo ordenó a sus discípulos que oraran en su nombre. En el nombre de Cristo hemos de comparecer ante el Padre. Por el sacrificio hecho en nuestro favor Dios nos tiene en alta estima. Se nos considera valiosos a causa de la justicia de Cristo. Por causa de Cristo, el Señor perdona a los que le temen. No ve en ellos la vileza del pecador sino que reconoce en ellos la semejanza de su Hijo en quien creen.


El Señor se entristece cuando su pueblo se tiene en estima demasiado baja. Desea que su heredad escogida se estime según el valor que él le ha atribuido. Dios nos ama; de lo contrario no habría mandado a su Hijo a una empresa tan costosa para redimirnos. Tiene una tarea para cada uno de nosotros y le agrada cuando le dirigimos las más elevadas demandas a fin de glorificar su nombre. Podemos esperar grandes cosas si tenemos fe en sus promesas.



jueves, 11 de mayo de 2017

Devoción Matutina Adultos | Lo que debemos aprender sobre la oración


PERO [EL SALVADOR] SABÍA también que el padre, en su interior, se había impuesto ciertas condiciones para creer en Jesús. A menos que se le concediera lo que iba a pedirle, no lo recibiría como el Mesías. […]

Sin embargo, el noble tenía cierto grado de fe; pues había venido a pedir lo que le parecía la más valiosa de todas las bendiciones. Jesús tenía un don mayor que otorgarle. No solo deseaba sanar al niño, sino hacer participar al oficial y su casa de las bendiciones de la salvación, y encender una luz en Capernaúm, que había de ser pronto campo de sus labores. […]

El oficial deseaba conocer más de Cristo, y al oír más tarde sus enseñanzas, él y toda su familia llegaron a ser discípulos suyos. Su aflicción dio paso a la conversión de toda su familia. Las noticias del milagro se difundieron; y en Capernaúm, donde Cristo realizó tantas obras maravillosas, quedó preparado el terreno para su ministerio personal.

El que bendijo al noble en Capernaúm, quiere hoy bendecirnos también. Pero como el padre afligido, a veces buscamos a Jesús procurando algún beneficio terrenal; y nuestra confianza en él depende de que nos conceda nuestras peticiones. El Salvador anhela darnos una bendición mayor que la que solicitamos; y retarda su respuesta a fin de poder mostrarnos el mal que hay en nuestro corazón y nuestra profunda necesidad de su gracia. Desea que renunciemos al egoísmo que nos induce a buscarlo. Confesando nuestra impotencia y nuestra imperante necesidad, debemos confiar completamente en su amor.

El oficial quería ver el cumplimiento de su oración antes de creer; pero tuvo que aceptar la afirmación de Jesús de que su petición había sido oída y el beneficio otorgado. Nosotros también tenemos que aprender esta lección. Nuestra fe en Cristo no debe radicar en que veamos o sintamos que él nos oye. Debemos confiar en sus promesas. Cuando acudimos a él con fe, toda petición alcanza el corazón de Dios. Cuando hemos pedido su bendición, debemos creer que la recibimos y agradecerle de que la hemos recibido. Luego debemos atender nuestros deberes, seguros de que la bendición se realizará cuando más la necesitemos. Cuando hayamos aprendido a hacer esto, sabremos que nuestras oraciones son contestadas. Dios obrará por nosotros «mucho más abundantemente de lo que pedimos», «conforme a las riquezas de su gloria», y «según la acción de su fuerza poderosa»