El destino del Mundo

Dios creó nuestra historia y a ÉL nos debemos

lunes, 30 de septiembre de 2019

UN SISTEMA DOBLE DE LEY


Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado,para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él. 2 Corintios 5:21.

El hecho de que la santa pareja, al descuidar la prohibición de Dios en un punto particular, transgrediera así su Ley y sufriera, como resultado las consecuencias de la caída, debiera impresionar a todos con una percepción
justa del carácter sagrado de la Ley de Dios...
El pueblo de Dios, a quien él llama su tesoro peculiar, tuvo el privilegio de tener un sistema doble de ley: la moral y la ceremonial. La una, que señala hacia atrás, a la creación, para que se mantenga el recuerdo del Dios viviente que creó el mundo, cuyas demandas tienen vigencia sobre todos los hombres en cada dispensación, y que existirá a través de todo el tiempo y la eternidad.
La otra dada debido a que el hombre transgredió la ley moral, y cuya obediencia
consistía en sacrificios y ofrendas que señalaban la redención futura...
El amor que Dios tenía por la humanidad, a quienes creó a su propia ima-
gen, lo llevó a dar a su Hijo para morir por su transgresión. Y para que el
aumento del pecado no los llevara a olvidar a Dios y la redención prometida,
el sistema de ofrendas por el sacrificio fue establecido para tipificar la ofrenda
perfecta del Hijo de Dios...
Cristo se hizo pecado por la raza caída, al tomar sobre sí la condenación
que recaía sobre el pecador por su transgresión de la Ley de Dios. Cristo se co-
locó a la cabeza de la humanidad como su representante. Había tomado sobre
sí los pecados del mundo. En semejanza de carne de pecado, condenó el pecado
en la carne...
La Ley de Jehová, que se remonta a la creación, estaba contenida en los dos
grandes principios: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda
tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal man-
damiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
No hay otro mandamiento mayor que éstos” (Mar. 12:30, 31)...
¿Cuál es la voluntad del Padre? Que observemos sus Mandamientos...
La muerte de Jesucristo por la redención de la humanidad levanta el velo
y refleja un fanal de luz que brillaba cientos de años antes sobre la institución
entera del sistema judío de religión. Sin la muerte de Cristo, todo este sistema
no tenía sentido.

miércoles, 11 de septiembre de 2019

La promesa del Espíritu Santo

Juan 14:15-31 

15 Si me amáis, guardad mis mandamientos.
16 Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre:
17 el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.
18 No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros.
19 Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis.
20 En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros.
21 El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él.
22 Le dijo Judas (no el Iscariote): Señor, ¿cómo es que te manifestarás a nosotros, y no al mundo?
23 Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.
24 El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió.
25 Os he dicho estas cosas estando con vosotros.
26 Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.
27 La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.
28 Habéis oído que yo os he dicho: Voy, y vengo a vosotros. Si me amarais, os habríais regocijado, porque he dicho que voy al Padre; porque el Padre mayor es que yo.
29 Y ahora os lo he dicho antes que suceda, para que cuando suceda, creáis.
30 No hablaré ya mucho con vosotros; porque viene el príncipe de este mundo, y él nada tiene en mí.
31 Mas para que el mundo conozca que amo al Padre, y como el Padre me mandó, así hago. Levantaos, vamos de aquí.